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DOMINGO, 21 DE ENERO DE 2007
MANUEL MEDINA ORTEGA *

Corrupción y poder político

"Todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Esta frase corrientemente citada es de Lord Acton, uno de los exponentes más destacados de la Escuela liberal histórica británica.

La democracia es el intento de combatir la corrupción en el ejercicio del poder, a través de las urnas, de los partidos políticos, de la división de poderes y de la libertad de prensa.

Las dictaduras son esencialmente corrompidas en cuanto utilizan el monopolio del poder en beneficio de los que lo detentan. Para ello tienen que anular todos los instrumentos democráticos dirigidos a controlar el poder. Se suprimen los procesos electorales. Se prohíben los partidos políticos. Se confiscan los poderes del Estado bajo un dictador totalitario. Se elimina la libertad de prensa. Un buen ejemplo es el periódico en el que escribo estas líneas, que durante el período franquista fue sustraído al control de sus legítimos propietarios y al que, además de someterle a la censura previa, se le puso en su cabecera el oprobioso signo del régimen opresor.

Durante la dictadura, los cargos públicos eran desempeñados por personas designadas libérrimamente por el poder. Era normal que los alcaldes y concejales fueran personas vinculadas a la especulación inmobiliaria y que utilizaran los cargos para beneficio de sus propios intereses.

Las dictaduras pueden adoptar decisiones contrarias a las necesidades más sentidas de la población. Por ejemplo, durante la dictadura de Primo de Rivera se dividió en dos provincias el Archipiélago canario, sin tener en cuenta la unidad esencial de nuestra Comunidad. ¿Qué sentido tiene hablar de provincia en una región como la nuestra, presidida por la realidad insular y en la que nuestros amigos y parientes viven y se trasladan por el conjunto del Archipiélago, anudando todo tipo de relaciones sociales por encima de la arbitraria distribución provincial? La democracia ha corregido en parte este desaguisado asentando la autonomía en los elementos esenciales de la isla y del concepto de archipiélago.

Donde más se manifestó la ineficacia y profunda injusticia del poder absoluto es en los países en desarrollo de África, América y Asia. Gobiernos corruptos que no dependen de las urnas para perpetuarse, que no admiten el juego libre de los partidos, que no reconocen un sistema de separación de poderes y que amordazan a los medios de comunicación, administran los recursos públicos en beneficio de los gobernantes y dejan en la miseria a sus propios ciudadanos. La reciente oleada de inmigración sobre Canarias es el mejor exponente de las consecuencias del poder dictatorial, como lo fue durante el franquismo la emigración canaria a América.

En un régimen democrático, los cargos de mayor responsabilidad son, por ello, los de carácter electivo. Es decir, aquellos que permiten controlar el poder de los gobernantes sobre la base de la voluntad libremente expresada de los electores. Pero éstos no podrían desempeñarse sin el concurso de una prensa libre que dé acogida a las opiniones de los cargos electivos, como viene haciendo amablemente este periódico con el autor de estas líneas.

* Diputado al Parlamento Europeo, PSOE

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