AL FINAL, pudo más el aparato, dirigido desde la tercera isla, que la honradez, valentía y nobleza del, hasta el martes, secretario general de la Agrupación Local Socialista de Santa Cruz de Tenerife, Florentino Guzmán Plasencia, un político que, por sus hechos, podríamos decir que, sin ser coetáneo, podría incluirse entre aquellos que acuñaron para el PSOE lo de los cien años de honradez, manera de obrar difícil de encontrar hoy en día.
La crisis abierta desde hace unas semanas en la organización de los socialistas de la capital tinerfeña se lleva por delante, políticamente hablando, a una persona cuyo único pecado ha sido defender una decisión tomada años atrás por su partido y a los compañeros que la adoptaron. Sólo por ser consecuente y leal consigo mismo y con los demás, Florentino Guzmán Plasencia se vio abocado a renunciar a su cargo en la tarde del martes, para, de esa forma, allanar el camino a la ejecutiva insular del partido, que ya había decidido defenestrarle.
En este caso, al igual que en otros tantos, la nobleza ha sido relegada por otros intereses. Los políticos se ven atraídos por otras cuestiones más o menos justas, que no siempre van en beneficio del ciudadano normal. ¡Qué no pierda el pueblo! Ese debe ser el objetivo último que ha de guiar la actuación de nuestros representantes públicos y lo que ha tratado de hacer Florentino Guzmán Plasencia cuando ha salido a defender el convenio suscrito por el Ayuntamiento de Santa Cruz para preservar la playa de Las Teresitas. Porque el hecho de estar en la oposición no significa rechazar todo porque sí, sin más razón que el hecho de no desempeñar labores de gobierno.
Lo apuntamos el sábado en este mismo lugar, a la política se viene a trabajar, a corregir si es preciso, pero, fundamentalmente, a proponer medidas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Poner pegas porque sí, sin ofrecer a cambio alternativas, no vale. Y el pueblo es, o al menos debe serlo, consciente de ello y no lo pasará por alto cuando llegue el momento de acudir a las urnas.
Dicho todo esto, también conviene llamar la atención sobre lo que se esconde detrás de la operación de acoso y derribo contra el ya ex secretario general de los socialistas de Santa Cruz, que no es otra cosa que el intento de los políticos de Las Palmas de gobernar la capital tinerfeña, con personas interpuestas. Para ello, tal y como ha quedado demostrado en los últimos meses, han utilizado distintos caminos y no escatimarán ningún medio para conseguirlo. En manos de los tinerfeños está que no lo logren.
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