COLPISA, París
Nicolas Sarkozy, presidente de la UMP, el partido de derecha que gobierna en Francia, se convirtió ayer en el candidato de esta formación para las elecciones presidenciales, un momento que esperaba con ansiedad y por el que trabajaba desde hacía años.
Ministro de Estado y titular de Interior, este hombre de energía infatigable, ambicioso, omnipresente y ante el que nadie queda indiferente, está decidido a sustituir a Jacques Chirac, con quien mantiene difíciles relaciones pese a pertenecer al mismo partido.
Hijo de un inmigrante húngaro, Sarkozy, de 51 años, domina la vida política francesa desde hace cinco años, un período en el que ha acumulado cargos y poder, algo que no entraba en los planes del actual presidente.
Un buen currículum
Su elección como candidato corona 30 años de vida política de este doctor en Derecho que a los 19 años ya dirigía las juventudes de la derecha francesa y con menos de 30 años fue elegido alcalde de Neuilly sur Seine, una ciudad burguesa a las afueras de París.
Aunque su campaña para convertirse en jefe de Estado comenzó el domingo, la carrera a la presidencia de este hábil político se inició realmente cuando asumió la presidencia del UMP hace algo más de dos años.
La popularidad de "Sarko", como es conocido en la clase política francesa, en este gran partido de derecha francesa es un fenómeno sorprendente.
En los últimos meses, el líder, que desea encarnar una "ruptura" con la línea oficial del partido, ha conseguido, sin prisa pero sin pausa, los apoyos de los pesos pesados del partido, en principio fieles incondicionales de Chirac. Hoy en día, prácticamente todos los grandes nombres de la UMP salvo el presidente, Jacques Chirac, y el primer ministro, Dominique de Villepin, han dado su apoyo a Sarkozy.
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