1.- No sé si se han dado cuenta de que en los convulsos acontecimientos que vive Canarias en los últimos tiempos, el godo es intocable. Me explico. A los juzgados acuden a declarar los empresarios canarios; es decir, es denunciada la gente nuestra, la que mantiene las Islas, la que deja el dinero aquí, la que crea más puestos de trabajo, la que transpira sudor isleño. El empresario grande de la Península no es tocado, siempre sale de rositas y se queda con las mejores obras públicas, con la parte más sabrosa del pastel. Cuando la concesión de emisoras de radio, en su día, se favoreció a la SER y a la COPE, en detrimento de empresas canarias. Lo mismo puede suceder con el reparto de los canales de la televisión digital terrestre. Es una pena que ignoremos a los nuestros, los denunciemos y los arrinconemos desde la propia patria canaria.
2.- Los empresarios nuestros están cabreados, al borde de la rebelión. Y me parece lógico. Los que gobiernan son de aquí y, sin embargo, no se han encargado de potenciar un corpus empresarial potente, como hacen vascos, catalanes y andaluces. Canarias es más papista que el Papa y la región que más nacionalista tenía que ser de todo el Estado, por su desmembramiento del grueso del territorio nacional, resulta que no, que se lo damos todo al godo, que triunfa casi sin pestañear. No seamos tan bobos, apreciemos más a los nuestros y no tiremos por la borda la oportunidad de crear riqueza para nosotros mismos y no para las grandes constructoras y otras empresas nacionales que se llevan el dinero fuera y que contratan gente de otras regiones porque la explotan, aumentando así sus beneficios.
3.- Las obras públicas tienen una regulación legal, pero las leyes se pueden cambiar en el marco constitucional. Canarias debe ser para los canarios. Con un talante de apertura y de cosmopolitismo que siempre hemos tenido, pero reservando lo mejor para nosotros. Esto es nacionalismo y no conceder lo más rentable de todo lo nuestro a quienes vienen a enriquecerse y luego se llevan el dinero a sus arcas centrales, ignorando la economía regional, una vez que la han exprimido a modo. Pensemos en lo que estoy diciendo. Y considero lógica la calentura de nuestros principales empresarios, hartos de quedarse con las migajas; hartos de ser denunciados por la izquierda más radical, e incluso por la otra, a causa de la puta envidia, que es la asignatura no aprobada de estos mentecatos.
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