Tenerife
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DOMINGO, 7 DE ENERO DE 2007

EDITORIAL

La ?gran? mentira, un obstáculo para la unidad

En un principio, el Archipiélago fue Canaria, y la isla que se creía mayor era Canaria, a secas, y hasta se llegó a nombrar como Las Palmas. Más tarde, el Archipiélago fue conocido como Islas de Canaria, y así siguió hasta que se supo que la isla principal, mayor y más bella era la "isla del infierno", Tenerife, como nos recuerdan algunos libros y hasta el actual aspirante a presidente Manuel Lobo, para quien es infernal Gracias, señor Lobo.

El natural de Canaria, isla, siempre fue el canario, como el de Tenerife fue el tinerfeño y el de Lanzarote, el conejero. Y aún hoy, en algunas esquelas, se recuerda como "el canario" a muchos nacidos en la isla redonda.

Más tarde, los pillos políticos de allí, cuyos nombres guardamos en la memoria, vieron oportuno emplear el "Gran" para Canaria con mayúscula, porque con minúscula no indicaba su denominación, sino su tamaño hasta que fue conquistada y conocida la Isla de Tenerife. Y eso no vale, atenta contra la unidad y pone en solfa la armonía y fraternidad del Archipiélago.

En estos tiempos, la TV canariona y la TVespañola se desgañitan cada segundo con el "gran, gran, gran" y la "capitalgrancanaria, capitalgrancanaria, capitalgrancanaria", con el fin de elevar a esa isla y a la ciudad a la máxima potencia.

Vamos a ver quién de CC, PP o PSOE se atreve a decir en Madrid, donde el Estatuto espera recibir el visto bueno de las Cortes, que el "gran" debe desaparecer y que hay que corregir el escudo y enumerar las islas por orden de tamaño e importancia, y no por orden alfabético, que sería absurdo. Se trata de un engaño a la realidad física y geográfica y política de Canarias. Y confunde al turista, y desvía los dineros interesadamente.

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EL DOMINGO PASADO hicimos alusión al libro que relata los viajes, aventuras y descubrimientos de Gadifer de La Salle y Jean de Béthencourt, escrito en francés y titulado "Le Canarien", editado recientemente por el Instituto de Estudios Canarios con manuscritos, transcripción y traducción de Berta Pico, Eduardo Aznar y Dolores Corbella. Dicen, y así lo consideramos, que se trata de una de las historias más antiguas referidas a las Islas Canarias.

De él ofrecemos hoy a los lectores ?en la página 4? algunos párrafos en los que se lee el nombre de "gran" Canaria, escrito en castellano antiguo, y trasladado también al francés antiguo en la grafía propia de 1402 a 1422. Estas visiones las ampliaremos en su momento con otras que concluyen argumentando y descubriendo la enorme superchería que supone el "gran" inventado por los canariones para la tercera isla del Archipiélago en superficie e importancia.

OFRECEMOS TAMBIÉN otras imágenes ?en la página 4?, que hablan por sí solas, del libro "El viaje del astrónomo y naturalista Louis Feuillée a las Islas Canarias (1724)", de los autores Miguel Ángel Puig-Samper y Francisco Pelayo, editado por el Ayuntamiento de La Laguna y el Centro de la Cultura Popular Canaria dentro de la colección "Taller de Historia". También se confirma que el epíteto "gran" que asumieron los canariones es la gran mentira de la historia de las Afortunadas. Mientras mantenga esos disparates, el Estatuto de Autonomía no es creíble ni válido, aunque el resto pueda ser necesario o conveniente para el Archipiélago.

POR ÚLTIMO, ofrecemos hoy a los lectores ?en esta misma página? una "reproducción parcial" del Atlas del geógrafo y astrónomo Ptolomeo, del siglo II, editado en Roma en 1490, dos años antes de que Colón descubriera América, y que sale a la luz en Canarias gracias a la edición y patrocinio del Parlamento autónomo y bajo la dirección del escritor y periodista Luis Ortega Abraham.

Entre otras islas con nombre latín, que imaginamos las que son, se señala perfectamente el de Canaria, que corresponde a la actual tercera isla del Archipiélago, la isla redonda, aunque aparece con otro forma.

Los pícaros políticos canariones de antaño, cuando supieron de Tenerife y sus valores ?siempre ha sido enorme su afán de grandeza?, le añadieron el "gran" a Canaria con mayúscula. De esta manera, confundieron y tergiversaron el origen de su denominación, ya que la isla redonda siempre fue llamada Canaria, muchas veces Las Palmas y alguna que otra vez "grande", o "grant Canare", o "la gran Canaria", siempre el "gran" con bajas, como si fuera un adjetivo, pero jamás con letras altas, que es lo que corresponde a los nombres propios.

¿Cómo puede destacar como la mayor y la más grande la tercera en extensión, superficie e importancia del Archipiélago? El propio Álbum de Canarias, dirigido por Ortega Abraham, al pie de cada página dice algo que a veces olvidan los políticos elegidos: "El que no ama a su patria no sabe ni puede amar nada". (Lord Byron). Esto se da hoy en muchos militantes elegidos por Tenerife pero que se ponen al servicio de Las Palmas.

Y no hacemos más comentarios por hoy.

ANTE EL PANORAMA que acabamos de pintar, muy gráficamente y absolutamente documentado, las "¿mentes pensantes?" de las Cortes Generales ?Congreso y Senado?, donde el Estatuto de Autonomía reposa en lista de espera en busca del visto bueno definitivo, deberían meditar, cavilar, recapacitar y reconsiderar la propuesta remitida por el Parlamento de Canarias para rectificar los tres grandes errores que empañan y aturden a nuestra inteligencia y a la Carta Magna, las enturbian, las desconsideran y las envenenan: el absurdo "gran" para la tercera isla del Archipiélago, que es Canaria; la enumeración de las islas por orden alfabético, cuando por lógica y universalidad deberían constar de mayor a menor, como ocurre con las Baleares, por lo que Tenerife se citaría en primer lugar; y la representación silueteada de las islas en el escudo, ya que las siete aparecen iguales, cuando siempre Tenerife ha resaltado por su tamaño y por la grandeza y altura de su Pico Teide, de nuestro padre Teide.

Pero nuestros diputados anudaron un pañuelo sobre sus ojos y amordazaron sus labios para sellar un Estatuto de Autonomía que nace cojo, mentiroso y que supone, sin duda, el gran obstáculo para la unidad de Canarias, o su ruindad o analfabetismo. Para mayor gloria de la tercera, de Canaria. De Canaria.

 

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