Cultura y Espectáculos

Del natalicio real de Santiago García Sanabria

30/dic/06 18:31
Edición impresa .

EL DÍA, S/C de Tenerife

Santiago García Sanabria no era majorero, sino tinerfeño. A pesar de las numerosas fuentes que citan al antiguo alcalde de Santa Cruz como natural de la Isla de Fuerteventura, lo cierto es que el prohombre que viste con sus apellidos al parque más importante de la capital también nació en la ciudad de la que fue regidor. La confusión, que alguna vez ha aparecido en las páginas de este rotativo, halla su origen en un error relativo a su padre, Guillermo García, cuyo natalicio sí se produjo en la Isla majorera.

A continuación extractamos parte de una ponencia pronunciada por el periodista y fundador de "La Prensa", Leoncio Rodríguez, en el Círculo de Bellas Artes y publicada en EL DÍA en 1951.

"Nacido en 1880 en una modesta casa de la antigua calle de la República -hoy 18 de Julio- número 58, era hijo de don Guillermo García Bethencourt, natural de Tuineje, en Fuerteventura, y de doña Andrea Severiana Sanabria, del pueblo de Pájara, también de la misma isla. Su padre, de humilde posición, desempeñaba el cargo de vigilante del resguardo de Consumos, y gozaba fama en las Islas por su maestría de luchador, uno de los más nombrados de la época. El el año 83 se trasladó, con toda su familia, a la Villa de Güímar, donde residió durante largo tiempo.

De niño -aún no había cumplido los diez años de edad- marchó nuestro biografiado a la Villa de Tuineje, donde residían algunos de sus familiares. Al poco tiempo, estallaba en Santa Cruz la epidemia colérica, que obligó a sus padres a marchar a Fuerteventura, donde las autoridades, temerosas del contagio, los aislaron en la playa de Tarajalejo.

Venciendo no pocos impedimentos, ocultándose, incluso, detrás de las paredes de los caminos, el hijo pudo unirse a sus padres, llevándoles provisiones de alimentos para aliviar la crítica situación en que se hallaban.

En la breve estancia en Fuerteventura, o tierra fuerteventurosa, que decía don Miguel de Unamuno, aprendería seguramente a restregarse los ojos en la parda desnudez de los páramos y en las espinas de las aulagas, contentas de los desiertos como las retamas de Leopardi. Y allí, también, como el ilustre desterrado, bebería las aguas vivificadoras y saldría refrescado y fortalecido.

(Un detalle significativo: su abuelo paterno, don Guillermo García, fue alcalde de Tuineje muchos años, y de su gestión dejó imperecedero recuerdo en aquel pueblo)".

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