1.- Mañana no quedará nada de 2006. Bueno, es un alivio. Este año no ha sido tranquilo en Canarias y me temo que la primera mitad, al menos, de 2007 lo será menos. Hemos caído en una vorágine de venganzas y de sinrazones que han quedado reflejadas en estas páginas y sería ocioso -y largo- repetir. Los ataques de la prensa de Las Palmas se han hecho agobiantes. Los políticos de Tenerife reaccionaron tarde y tibiamente a las tarascadas. No puede haber región mientras uno no quiera. Y parece claro que existen poderes que tienen mucho que ver con los medios de comunicación canariones; poderes destinados a cortar el desarrollo de esta Isla y de su capital, que dejó de serlo (aunque lo siga siendo) en virtud de un descabellado decreto.
2.- Que no nos pidan a nosotros respeto por ellos, porque ellos no lo han tenido por nosotros. Se lo han querido mamar todo, desde una Virgen y una diócesis única a las carreteras, a las inversiones, a las empresas; todo. La ambición no tiene límites y no generalizo, porque sería injusto, ya que existe en la provincia de Las Palmas gente de negocios con muy buen talante, verdaderos caballeros incapaces de atizar la llama del pleito por mucho que se lo manden los periódicos. No me canso de repetir que los ataques despiadados de la prensa canariona a políticos y empresarios tinerfeños honrados son un reflejo de las ansias hegemónicas que se respiran en aquella isla, que, como repite muy bien este periódico, es la tercera en extensión del Archipiélago. No en otras cosas, que está muy por detrás.
3.- Se acaba el año 2006, menos mal. Empieza ahora una carrera electoral que va a hacer brotar mucho polvo, mucho sudor y mucha lágrima. Nunca habían estado tan reñidas. Jamás se habían utilizado a la fiscalía y al poder judicial en intereses de partido; al menos nunca como ahora. Jamás la prensa se había comportado de manera tan beligerante. Esta no parece ser mi Canarias, que me la han cambiado. La población asiste, atónita, al espectáculo que montan unos pocos. Los canarios de la calle no entienden de desigualdades, sino de pan para comer, trigo para hacer gofio y un techo donde vivir. Y muchos ni siquiera disfrutan de estos tres logros fundamentales del ser humano, ni del cuarto, que es la educación. Menos mal que la sanidad es gratis.
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