1.- La forma en que los tres periódicos de Las Palmas -he contado bien- han tratado el tema de Las Teresitas y las rocambolescas imputaciones de Miguel Zerolo en el caso del Forum Filatélico son dignas de estudio en los centros donde se enseñe periodismo. En realidad, el periodismo es una profesión con cuatro reglas básicas que todo el mundo quebranta. Uno de los popes del periodismo español actual, Iñaki Gabilondo , da risa. Uno de los periódicos que se destacó en la Transición política por sus servicios a la democracia, El País, se ha vendido descaradamente al PSOE. Yo no soy inocente; quiero decir que muchas veces he escrito al dictado y no siempre he cumplido con mi deber como informador, ni con la estética de la imparcialidad. Además, les digo que entre mi profesión y un amigo al que creo injustamente atacado, me voy con el amigo. Me da igual lo que ustedes piensen.
2.- Digo que la forma grotesca y parcial con que los tres periódicos de Las Palmas, uno de ellos infiltrado aquí, han tratado estos asuntos, montando juicios paralelos e intentando influir en los jueces, tienen una doble vertiente. La menos principal es que quieran salvar al empresariado canarión después del falso caso eólico y de la chapuza de Telde. Lo más grave es que pretendan destruir a políticos de Tenerife de primera fila para beneficiar a un candidato cunero que sólo tiene de canario los fines de semana. Vaya usted a saber qué les ha prometido el cunero a personalidades tan extrañas, tan taimadas, como el editor de Canarias 7, que cambia de amigos más que de camisa.
3.- Lo que ha pasado en los últimos meses en los medios de comunicación escritos de Las Palmas tiene un nombre: corrupción informativa, que también la hay. No me considero un angelito, pero hasta yo he sido pasto de las iras de confidenciales y libelos. Bueno, al fin y al cabo uno tiene la piel de tortuga y la cara de cemento, después de ver, provocar y sufrir tantas cosas. Pero siento asco de esta profesión y de editores sin escrúpulos que se ronchan cuando pisan esta Isla; alguno de ellos pedía árnica y compasión cuando se vio metido hasta el cuello en una querella que le habían presentado antiguos amigos suyos, después enemigos y ahora nuevamente amigos. Qué asco.
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