COMO ÉRAMOS pocos en casa, parió la abuela. Adaptado el refrán a las circunstancias por las que atraviesa este país con la llegada de pateras llenas de subsaharianos, entre ellos numerosos menores vivitos y coleando, en Valencia, a cargo del Instituto Valenciano de Infertilidad -IVI, en la sopa de letras- empiezan a producir embarazos dicen que con óvulos vitrificados, que, organizando la cosa debidamente, pueden servirse en la cantidad que desee el cliente y no sé si rubios, morenos o cobrizos, para lo cual habría que importar, de las reservas indias en Estados Unidos, óvulos de aquella raza, que sacan criaturas tal cual. Claro que, en este caso, sería necesario que las tiendas de juguetes incrementen los pedidos de plumeritos para la cabecita, flechitas y arquitos para regalar a los críos el Día de Reyes.
En el IVI, dicen los medios informativos, se han logrado resultados satisfactorios de embarazos, los primeros de Europa, empleando un nuevo sistema para conservar los óvulos. Cuando los óvulos se congelaban podían producir daños en las células a causa de los iceberg pequeñitos que se forman, por ejemplo, en los mantecados y los "medios whiskys". Pero los avispados médicos valencianos no sé si han inventado o han copiados la forma de vitrificar el óvulo, el cual, de esa forma, ya no hace daño a las células. (No sé como se hace la tal vitrificación, porque si no pondría el chisme en la nevera y no me encontraría los pedriscos de hielo cuando me comiera un mantecado, que es desagradable). Dicen que el sistema permite a la mujer "planificar su maternidad y mejorar la sincronización de las donaciones".
Ya sospechaba yo que los valencianos solamente saben cultivar arroz y producir naranjas, y los alicantinos, fabricar turrones. El invento de esa técnica de incrementar el nacimiento de criaturas es japonés o lo llaman "Cryo-Top". Y por eso se ven muchos más japoneses que viajan como turistas a Europa y América. En el IVI han quedado preñadas nueve mujeres españolas y cinco extranjeras, pero no se ha dicho qué papel juegan los hombres, aunque sean maridos de la susodicha, en esta operación que dicen que reutiliza mucho en Estados Unidos. A lo peor, es el de simple espectador. Por eso, las CCOO USA van a convocar una manifestación de protesta. Y aquí, como se ponga de moda el sistema, hay que incrementar la trata de blancas, de negras y de indígenas de la Selva amazónica. Y también, como de costumbre, aparecerá la baratura en forma de "oferta", porque, para lograr un recién nacido hacían falta cien óvulos congelados y, con el nuevo método, con trece óvulos basta.
Y la cosa, lejos de restringirse, aumenta. La técnica, inventada por el japonés doctor Masashuge Kuwayama, quien participó en las operaciones del IVI, ha permitido vitrificar 225 óvulos, que serán más niños en reserva, por ejemplo, para el Ejército. Porque ahora las "reservas" en lo militar serán dos: las de los oficiales "puretas" y la de los recién nacidos que, en su día, pueden ser soldados y sacar las castañas del fuego a los norteamericanos en Irak y en Afganistán.
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