YA NADIE en Canarias se lleva a engaño que lo del nuevo Estatuto mal redactado, con prisas en meses pasados y sin contar con la opinión de los canarios se quedará en agua de borrajas y elemento de propaganda electoral, pues se habla ahora de su estudio para febrero y, total, que llegará mayo y todo seguirá igual, es decir, se volverá a la aplicación de los conocidos topes electorales, la aplicación de la ley antidemocrática del diputado belga Victor D'Hont y el arreglo contubernio entre la Tripartita parlamentaria con su conocido reparto de puestos entre unos y otros a través de los topes, para seguir mandando.
La ley de D'Hont fue creada por el abogado, profesor de Derecho Civil belga de la Universidad de Gante y matemático Victor D'Hont (1841-1901) en 1878, para asignar asientos a los candidatos a las elecciones, en cantidades proporcionales de la representación de los partidos-lista. Este método se basa en una compleja serie de divisiones, restas, sumas y otras operaciones aritméticas combinadas, que acaban siempre en un lío matemático que pocos entienden, salvo los representantes de los partidos mayoritarios, que acaban con ello, eliminando a los partidos pequeños y favoreciendo el bipartidismo.
Este sistema fue visto con buenos ojos por el PP y el PSOE, cuando la llamada Transición, y lo impusieron con la Ley Orgánica 5/1985 del régimen electoral general, pues con ello se favorecía el bipartidismo. El sistema D'Hont se implanta para el reparto de escaños; para ello se ordenan de mayor a menor los votos obtenidos por las candidaturas que hayan conseguido al menos el 3% del número de votos. Posteriormente se divide el número de votos obtenidos por cada candidatura entre 1, 2, 3, 4,... hasta el número igual de escaños correspondiente a la circunscripción. Los escaños se atribuyen a las candidaturas que obtengan los cocientes mayores; la ley de D'Hont, para colmo de los colmos, establece que las candidaturas se presenten en listas cerradas.
Este sistema antidemocrático favorece la creación de mayorías de los grandes partidos. De hecho, con este método exclusivo, se puede obtener la mayoría con sólo el 35% de votos, sacándole unos pocos puntos porcentuales al segundo y, de paso, se elimina a los pequeños partidos y se favorece el bipartidismo, conservadores-liberales, socialistas-derechas, etc. En este sistema se vota siempre por la lista de los partidos y no por el diputado, con lo que los partidos meten en las listas a sus amigos y benefactores o militantes desconocidos del pueblo. A este sistema se le critica, pues, por discriminar a los partidos y tendencias minoritarias y por no dar resultados proporcionales. En realidad, el profesor belga V. D'Hont no inventó nada nuevo sino que lo que hizo fue modificar el método matemático ya existente inventado unos cien años antes, en 1790, por Thomas Jefferson, secretario de Estado del presidente de los Estados Unidos George Washington (1789-1797), quien lo había establecido para asignar escaños entre estados de la Unión, proporcional a la población y no entre partidos políticos como el sistema D'Hont. También hay que señalar que Alexander Hamilton, en 1792, cuando era secretario del Tesoro de los nacientes USA, había inventado -según nos dice el profesor de la Facultad de Ciencias Económicas argentina Ramón Frediani, consultor de organismos internacionales BID (Actualidad Económica, años XV, nº 57, julio-diciembre 2005)-, el método que asignaba diputados en función directamente proporcional a la parte entera de los porcentajes obtenidos de votos, y los puestos aún no repartidos los distribuía según el valor absoluto de los decimales obtenidos por cada Estado o partido contrincante.
Hoy en día hay muchos métodos electorales en aplicación, aunque no es éste el momento de estudiarlos aquí, pero sí que debemos tenerlos en cuenta para nuestro futuro (métodos Hill-Huntington, Webster o Sainte-Lagué, el recuento Borda del francés J. Charles de Borda o el método del sabio francés Condorcet (1785); el método del voto transferible elaborado por Thomas Hare en Inglaterra, en 1850, o los presupuestos analizados por el economista Kenneth J. Arrow, premio Nobel de Economía en 1972, o los también premios Nobel James Buchanan, en 1986, y Gary Becker, en 1992, o los estudios teóricos sobre la cuestión que permitió en 1994 compartir el premio Nobel a los economistas John Nash, John Harsanyi y Reinhard Selten, y también, por sus aplicaciones empíricas en este campo, se concedió el premio Nobel de Economía 2005 a Robert Aumann y a Thomas Schelling.
A los partidos monárquicos de la metrópoli les interesa que las cosas sigan como antes. Los dirigentes de la Coalición Canaria insinúan a sus amigos y militantes que eso de la reforma electoral y los llamados topes lo resolverán después, aunque en el papel hablan de 69 diputados y algunas variaciones de topes, pero no hay nada claro por ahora, ni lo habrá después de febrero, como todos somos conscientes, y más ahora con la de golpes bajos que se están tirando estos días los del PSOE contra CC y los que vendrán...
El pasado año, y hay que mirar atrás, cómo no (ver prensa, primera semana de marzo 2005), la delegación del PSOE en Canarias (partido socialista, hoy partido monárquico de la metrópoli), a través de su portavoz, Sr. Alemán, muy españolito él a pesar de ser canario, quería apuntarse un tanto ante sus electores diciendo que están por la reforma de los topes electorales. En el único periódico canario independiente del Archipiélago, EL DÍA del viernes 11/3/05, decía, "el Grupo Socialista anunció su retirada de su proposición de ley contra la reforma electoral y propuso abrir el diálogo para un acuerdo, para rebajar las actuales barreras electorales". Una situación parecida se planteó en 2002, ¿y qué pasó después?; se callaron los partidos metropolitanos, PSOE y PP, y CC, y siguió el Parlamento gobernando la Tripartocracia... presidida por un no canario del PP, Gabriel Mato, impuesto expresamente desde Madrid, por el gobierno de Aznar, como todos sabemos, y que es aceptado por los diputados del Parlamento canario.
Ahora, PP y PSOE, partidos monárquicos, defensores a ultranza de la bandera de los perros y del colonialismo, hablan de la posibilidad lejana de modificar los topes dientes a fuera, pero en realidad quisieran que se mantuviera la actual situación para seguir cogobernando en esta colonia y seguir explotándola y robándole sus riquezas, pues para eso sirven las colonias. Y lo peor es que Coalición Canaria (CC) en el fondo está de acuerdo y no quiere cambios en lo de los topes, como todos sabemos. Topes que se sacaron de la manga un aciago día las llamadas fuerzas presentes en el Parlamento junto con los partidos de la metrópoli PP y PSOE, para establecer la Tripartocracia, y eliminar a todas las posibles fuerzas vivas o partidos políticos de Canarias que no están de acuerdo con ellos o que estén por la independencia, que es lo que les preocupa.
En estos momentos en que el pueblo empieza a despertarse, le es muy necesaria a la Tripartita estos topes, para seguir repartiéndose el pastel, sin la presencia de otras fuerzas políticas, aunque en estos momentos preelectorales se estén sacando muchos trapos sucios o recibiendo CC los dardos envenenados del ministro de Colonias y Justicia de España, que quiere entrar en el baile de las elecciones, obligado por su jefe.
Con los llamados topes electorales, se lo recordamos de nuevo a CC, se buscaba hacer desaparecer para siempre a partidos que representasen a los independentistas del Archipiélago y a otras tendencias nacionalistas que con el tiempo pueden acabar en el independentismo. Todos sabemos que los topes van en contra de un sistema electoral democrático y libre, aparte del handicap que significa la ley D'Hont -hecha un día por un político belga-, aplicable por el sistema electoral español y que favorece sólo a los grandes partidos. El sistema democrático exige que exista el pluripartidismo, pero estos topes van en contra de la libertad de expresión y de asociación de los ciudadanos de esta colonia africana. A los creadores de los topes no les ha importado nada estos pasados años que los topes sean antidemocráticos. Hasta ahora, sólo lo que han buscado es mantenerse en el Parlamento, y para ello han recurrido a todas las martingalas antidemocráticas para perpetuar el sistema, aunque para la galería se hable de un nuevo Estatuto, cuyo principal disparate es decir que Canarias está en medio del Atlántico (a unos 3.500 kms., más allá de las Azores, es decir, lejos de África).
Está claro que los ejemplos de estatuto catalán y vasco han abierto los ojos, sobre todo, a las bases de CC y a muchos de sus dirigentes canarios que ven el porvenir diferentemente de hace unos años... aunque no dan la cara. La dirección de CC debe tomar medidas enérgicas con algunos de sus militantes, cuando empiezan a desbarrar, como la portavoz de CC en el Cabildo de Las Palmas, doña Rosario Chesa, que hace unos días, hablando en una entrevista, se atrevió a decir, a una pregunta sobre la independencia, "¡La independencia por Dios!, ¡entonces tendríamos que comer dátiles subidos a las palmeras como los monos!". Ante tamaño disparate, donde se ve su falta de cultura y su fobia contra los monos, que por cierto no comen dátiles ni se suben a las palmeras datileras pues están en otras latitudes, la dirección de Coalición Canaria y sus bases tenían que haberla expulsado del partido y enviarla a un centro de estudios y formación a un zoológico.
Canarias necesita una revolución democrática moderna, para evitar que personajes como esta señora Chesa o aquellos que se han inventado que ya no estamos a 96 kilómetros de nuestro continente africano, sino en medio del océano Atlántico; o que los que dicen que somos blancos, y por lo tanto europeos, sigan hablando y avergonzándonos ante la opinión internacional por su falta de cultura. Toda revolución necesita cultura y sin cultura no hay revolución y mucho menos se llega a una verdadera independencia.
* Abogado, presidente del Congreso Nacional de Canarias
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