De nuevo, en menos de un año, mis obligaciones como parlamentario me han llevado a la querida Venezuela. El año pasado fui miembro de la delegación del Parlamento europeo a las elecciones legislativas, que se celebraron, al final, sin que concurriera la oposición. El pasado 3 de diciembre me correspondió presidir la delegación del Parlamento europeo a las elecciones presidenciales. La delegación del Parlamento iba acompañada de una importante representación de observadores de la Comisión, 137 en total, encabezados por otra parlamentaria europea, la italiana Mónica Frassoni. Las elecciones fueron también observadas por una delegación de la Organización de Estados americanos en la que participaron, entre otros, figuras tan destacadas como el antiguo presidente argentino, Raúl Alfonsín y su ministro de asuntos exteriores, Dante Caputo.
Los observadores internacionales pudimos comprobar la limpieza en el proceso electoral. El candidato de la oposición, Manuel Rosales, gobernador del Estado petrolero de Zulia, reconoció su derrota. Las elecciones no estuvieron acompañadas de actos de violencia, aunque hubo algún retraso y pequeños incidentes.
El triunfo electoral de Hugo Chávez fue superior a lo que habían previsto las encuestas: casi un 62%, frente al 38% de la oposición. Se trata de una nueva victoria electoral del líder del Movimiento V República, aunque esta vez más clara y sin duda serias sobre la validez.
A consecuencia de la comunicación del aeropuerto de Maiquetía y Caracas, los parlamentarios europeos tuvimos que acceder a la capital a través de la carretera de La Llanera, en un recorrido más largo que el habitual. El nuevo camino, sin embargo, nos puso de relieve la razón del espectacular triunfo de Chávez: la pobreza en la que viven millones de venezolanos alojados en los "ranchitos" que se encaraman por los cerros de Caracas o en regiones rurales empobrecidas. Chávez ha centrado su actividad de gobierno en la lucha contra la pobreza, con dos programas espectaculares en materia de educación y sanidad, con la colaboración de maestros, médicos y enfermeras cubanas que son percibidos de manera positiva por la clase trabajadora de Venezuela. Aunque la mayor parte de las clases media y alta mantiene su oposición frontal a Chávez y casi dos terceras partes de la población de Venezuela vive en niveles de pobreza. Ahí está el secreto de la victoria de Chávez.
Pero el problema no se reduce a Venezuela. La pobreza es hoy un fenómeno endémico en la América Latina. El triunfo de candidatos populistas de izquierdas como Lula en Brasil, Alan García en Perú, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua refleja el despertar de las clases trabajadoras, de América Latina, que no se resignan a mantener su triste condición. Es la hora del cambio en el Continente. Sólo nos queda esperar que los nuevos gestores tengan éxito en la lucha contra la pobreza y ayuden a sus pueblos a mejorar su nivel de vida y las condiciones de vida de amplias capas de la población.
* Diputado al Parlamento Europeo, PSOE
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