Santa Cruz de Tenerife
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Una mujer permanecerá en Urgencias hasta que acondicionen el acceso a su vivienda

Onelia Siverio es una vecina de Casas de la Cumbre, uno de los caseríos de Anaga. Después de diez años demandando la construcción de una entrada para poder llegar a su casa, ahora se niega a regresar a ella hasta que le den una solución definitiva, pues sufre problemas de movilidad, vive sola y volver allí la aterroriza.
16/dic/06 20:45
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G. MAESTRE, S/C de Tenerife

El aislamiento que sufren los caseríos de Anaga no es un tema nuevo, pero sí el hecho de que una vecina esté aislada dentro de su propio caserío, como es el caso de Onelia Sivero en Casas de la Cumbre. Durante toda su vida Onelia ha vivido en este idílico paraje rural, sintiéndose orgullosa y feliz de ello, pero ahora esa casa es su peor pesadilla, ya que sufre graves problemas de movilidad. Por si fuera poco, su casa carece de ningún tipo de acceso y sólo se puede hacer siguiendo un tortuoso camino, lo que la hace pensar que regresar "es morirme ya allí".

La historia comenzó hace más de diez años, cuando su esposo comenzó a sufrir problemas de salud. Hasta el momento la ubicación de su casa la habían superado sin mayores problemas, pero cuando surgieron los primeros achaques comprobaron que necesitaban, con carácter de urgencia, que se les mejorara el acceso hasta su vivienda.

Los años pasaron. Aunque a la hija del matrimonio, Candelaria, no le ha faltado puerta del ayuntamiento donde no haya tocado, lo cierto es que la solución no llegaba. Todo parece confluir en que la búsqueda de una solución es prácticamente imposible, pues parece condicionada a su emplazamiento dentro del Parque Rural de Anaga, donde cualquier obra está prohibida y requiere que multitud de instituciones se pongan de acuerdo. Así, la burocracia se encarga de hacer difícil una obra que aparentemente resulta sencilla.

Viendo que sus padres se hacían mayores y los riesgos aumentaban, Candelaria se dirigió a la responsable del Distrito de Anaga, Ilda López, para ver la posibilidad de que desde los Servicios Sociales municipales se les cediera el uso de una vivienda social hasta que se arreglara el acceso a su hogar en Casas de la Cumbre. Según explica Candelaria, "esa idea se quedó en eso, una demanda que no se ha concretado en nada".

Con el fallecimiento de su padre, Candelaria retomó con más fuerza si cabe su reivindicación, llegando a plantearle la situación al mismísimo alcalde, Miguel Zerolo, que "se limitó a escucharme y ya está". De nuevo acudió a los Servicios Sociales, puesto que ahora era su madre la que permanecía sola en la vivienda y tenía problemas en las piernas; aún así, todavía andaba y era prácticamente independiente.

Pero ayer se impuso la cruda realidad que un día temió Candelaria. Los médicos le comunicaron a Onelia que ya no podía continuar caminando ayudada por muletas y depende ahora de una silla de ruedas. Madre e hija se vieron presas de sus temores y decidieron, a iniciativa de Onelia, que, aunque tiene el alta, no abandonará Urgencias del Hospital Universitario de Canarias hasta no recibir una solución. "Bajo ninguna circunstancia mi madre quiere regresar a esa casa", dice Candelaria.

Cuando ya se han cumplido más de 24 horas, Onelia permanece sentada en una silla viendo las horas pasar mientras confía en que llegue una solución. Se muestra tranquila y mantiene el buen humor pese a verse rodeada de todo lo que urgencias de un hospital supone. Candelaria se muestra firme en la decisión de su madre porque cree que es lo que ha de hacer después de haber llamado a todas las puertas. Se queja amargamente del trato recibido por parte de las instituciones, especialmente de los Servicios Sociales municipales, a los que ayer pidieron ayuda: "Nos han dejado aquí pensando que nos iríamos".

En este sentido, explica que "mi madre percibe una pensión de viudedad reducida y yo vivo humildemente y en un estudio con mi pareja, de manera que si alguna de las dos tuviera medios no le pediríamos nada a nadie".

Una alternativa provisional para la situación de Onelia que barajan las trabajadoras sociales del HUC es contar con una plaza temporal en un centro para mayores hasta que los Servicios Sociales municipales encuentren una solución final. La hipótesis agrada a la hija y a su madre, que, salvo las dificultades en sus piernas, no padece otras afecciones. Onelia, dentro de sus posibilidades físicas, quiere continuar llevando una vida normal pero sin sentir el temor a quedarse encerrada en un caserío tan bucólico como inaccesible.

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