ACONTECERES que con Doña Josefa saben a queso blanco con guayaba, y va la comadre y acepta la invitación de fin de semana a Coruña, que no hizo falta decírselo ni dos veces, ni se puso con remilgos que si arreciaba el "orballo" o el "viruje" en Galicia.
-En Guamasa hace más hielo, Señor de la Cañita- argumenta con corajina.
Y si se pudiera pensar que la buena mujer se iba a dejar achantar con el viaje, ahí ve usted a la doña, pasando la seguridad con aires de finura, con su vestido de sport y zapatitos como de cámara de aire, y avanzando por el "finger" hacia el avión con tanta desenvoltura como cuando pega esos cabrilleos en busca de bubangos y chayotas en el mercado de La Laguna.
-Mira mijo, que servidora y Doña Presentación llevamos muchos años escapándonos con los viajes del Imserso, y tenemos ya ganada nuestra popularidad en Matalascañas.
-Ya veo, ya, pero hasta que pisemos Riazor vamos a chupar más horas que si nos fuésemos a Singapur.
-¡A dónde!
Efectivamente, con el equivalente en horas para llegar a Singapur, rememorando la cena en los mesones cercanos a la plaza de María Pita (la "Agustina de Aragón" gallega), y con un marisco para desmayarse, va Doña Josefa y se lleva las manos a la frente, y se santigua varias veces, cuando otea esa pescadería del mercado de Santa Lucía o de la plaza de Lugo.
-¡Santos arcángeles Miguel y Gabriel! Míreme esos camarones como dedos gordos brincando vivos en los puestos.
-Creo que hasta son tan caros como los percebes, según cuánto se lleve.
-Sí, percebe llamaba mucho mi difunto Celedonio a su hermano Jacinto.
Que la Doña Josefa va y se me enfolina, y arranca con sus peroratas encendidas con las pescaderas, y asiente y niega, y que esa mujer vuelve a persignarse ante un rodaballo salvaje. -¡Ay Señor de la Cañita!-.
-Mire doña, qué guisantes...
La doña, que no puede con las inconcreciones, pega un tirón de orejas.
-Arvejas, mijita, arvejas.
También se enzarza cariñosamente con Doña Carmiña, que le asegura que las carrilleras de cerdo están "pintureiras", y esa canaria que le convence que eso son cachetes de cochino. Luego puntualiza, muy puesta, que aquello no es cabrito, sino baifito. Y se le quiere saltar el corazón cuando su tocaya coruñesa, Doña Josefiña, comenta que su hija vive en Canarias y le manda "bofio", y ella ironiza que sí, sí, para el "espaldón", que va antes del "buchero".
¡Ay Doña Josefa, que me la veo en la Real Academia Canaria de las Letras!
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