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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Acosadores habituales

1/dic/06 14:07
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MI COMPAÑERO y sin embargo amigo, como decía Luis Álvarez Cruz cuando se refería a un colega, José H. Chela, me da tema para otro ladrillo, y ya van varios. No se trata de la clásica y repelente "pisada", que, en lenguaje periodístico, quiere decir hacerle la furciada al compañero de sacar a la letra impresa antes que él lo que consideramos "noticia de otro". O sea, "robarle" la noticia con intención de joderlo, con perdón, porque en este oficio, lo principal es "la primicia". También resulta feo salir sistemáticamente a rectificar, señalar sus equivocaciones y, en general, "enmendarle la plana" al colega. Lo que uno, sinceramente, pretende y practica es una cosa semejante a lo que se hace en música cuando se interpreta en un concierto "un tema con variaciones", pero las variaciones no son del compositor, sino las mías porque lo otro sería un plagio. En cuanto al compañero, lo que le agradezco y pondero es la originalidad, lo interesante y lo bien expresado de los temas, que me da ocasión de introducir "las variaciones".

En esta ocasión, el colega no comenta el acoso escolar, que suelen emplear los mismos alumnos, o los padres, con sus hijos y con los hijos de los otros. Tampoco los acosos de los mismos alumnos, con los padres que les sirven de manager, a los enseñantes, los cuales reciben verdaderas cueradas de los escolares, hasta el punto de que va a modificarse una Ley que impone penas de prisión hasta de tres años al alumno que agreda a un maestro. Chela se refiere al acoso callejero, en general de vendedores ambulantes. He estado en medio mundo y me pesa mucho no haber estado en el otro medio, lo que me ha permitido comprobar que Méjico ostenta todos los récords de acoso callejero. Mañana, tarde y noche en Ciudad de Méjico y en las poblaciones importantes hay un sujeto/a siguiéndole a uno los pasos hasta que le compra algo. Y en los monumentos y en los sitios que frecuentan los turistas lo que hay es persecución implacable y hasta cercos. En cambio, recuerdo haber visto algún kiosko en EE.UU., pero poquísimos vendedores en la calle, que jamás acosan. En Venezuela hay numerosos acosadores ambulantes, que llaman los "buhoneros", y que vigila la Policía. Pero esto no es por verdadera necesidad como pasa en Méjico, sino porque le hacen competencia a los comercios establecidos y estos empresarios acuden a todos los medios y hace valer su influencia con las autoridades, que casi todas son corruptas, para que los policías les prohíban ese trabajo. En Buenos Aires, que llamaban el "París Americano", hasta en la tremenda crisis que vivió Argentina a principio de los 90, con el presidente Menen en la Casa Rosada, y cuando el dólar tenía un cambio por la mañana y otro, siempre mayor, por la tarde, no había otra venta callejera, pero sin acoso, que los curiosos mercados de objetos semiantiguos y de obras de arte en grandes parques de la capital. Con la pobreza que se palpaba en todos lados, Buenos Aires seguía con sus temporadas de Teatro, incluso de ópera en el Teatro Colón, sin suspender una sola sesión. Había pobreza pero se soportaba con dignidad, y las damas, siempre bellamente enjaezadas, que decía Juanito Cabeza, llevaban un abrigo de visón, por ejemplo, y un pantalón vaquero. Aquí, en la Isla, los peores acosadores que jeringan constantemente al turista son los vendedores de "time sharing", cuya actividad está empeñado en prohibir el Ayuntamiento de Arona, dice Chela, porque los de aquí practican el "Más difícil todavía", de vender lo que no ve el cliente.

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