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Un mundo en el aula

El IES de Las Galletas cuenta entre sus 857 alumnos con un 30 por ciento de estudiantes extranjeros. Un total de 259 inmigrantes, procedentes de 29 naciones diferentes, conviven en un espacio donde la integración es sólo un aspecto más de la convivencia diaria.
26/nov/06 18:24
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ERICK CANINO, S/C de Tfe.

Más allá del latiguillo y del discurso político. Haciendo camino también. El fenómeno de la integración tiene su parte práctica porque la realidad siempre encuentra grietas entre los esquemas teóricos que enlazan predisposición, maquillaje y reacción obligada.

¿Se acuerdan de Babel y de su efecto disuasorio? En el Instituto de Enseñanza Secundaria de Las Galletas llevan años redoblando sus esfuerzos para evitar que su sistema educativo queda superado por una diversidad lingüística y cultural de dimensiones gigantescas.

259 extranjeros.- Resumido en datos, en el centro sureño conviven hasta 259 extranjeros en un continente de 857 alumnos. Así, el 30 por ciento de los estudiantes para este curso 2006/2007 son extranjeros. 29 nacionalidades dirigidas por un grupo de 80 profesores.

En el IES de Las Galletas, los docentes han invertido muchas horas en formación e investigación para reconvertir una situación extrema (para muchos quizás problemática) en un ejemplo de modernidad y convivencia.

La obra humana.- En la charla intervienen hasta cinco responsables del centro: Rosario Rivero (directora), María Dolores Torres (subdirectora), Jaime Padrón (jefe de estudios), Gregorio Rodríguez (adjunto al jefe del estudios) y Antonio Fernández (coordinador del Proyecto intercultural). Como quien habla de un hijo, como el que explica su cuadro a la concurrencia. En Las Galletas se ha construido una obra de humanidad grande: integración efectiva como respuesta a los efectos secundarios de la trashumancia. Sin peros y sin diferenciaciones. Aceptando el reto y moldeándolo según las necesidades y las exigencias.

La barrera del lenguaje.- El centro de Las Galletas ha tenido que adaptarse a un régimen en el que la barreras idiomáticas marcan en muchas ocasiones las pautas de comportamiento.

En un universo que aglutina a chicos que van desde los 12 hasta los 25 años, cada aula es un cúmulo de singularidades. No todos adquieren conocimientos desde un mismo grado de asimilación. Hay alumnos que ocupan un curso entero para aprender algunas nociones básicas de castellano; quienes se incorporan al centro a mitad de curso para cumplir con los seis meses de estancia en la Isla, según el contrato laboral de sus padres; chicos que utilizan los dibujos como principal fuente comunicativa; niveles educativos diferentes no sólo por la edad sino según el país de procedencia. Existe un abanico de diversidad amplio en las aulas, y los profesores preparan un modelo de trabajo diferenciado para poder funcionar en cada espacio, según las singularidades.

Cuatro horas extras.- Además de las horas lectivas establecidas por ley, el instituto ha reforzado su oferta con cuatro horas más a la semana para apoyo idiomático. Allí acuden los estudiantes con mayores dificultades.

En varios casos, los alumnos acuden al centro con el único fin de conseguir un dominio correcto del lenguaje.

Muchos de ellos no pueden optar a conseguir los títulos de la ESO y Bachillerato por cuestiones de edad. Para ellos se ha creado el Programa de Garantía Social con cursos específicos de ofimática y peluquería.

Doble esfuerzo.- Los profesores del IES de Las Galletas, como ejemplo claro de lo que ocurre también en otros centros de la Isla, se ven abocados a un esfuerzo extra desde dos frentes ya señalados: el refuerzo en su propia formación y un planteamiento puntualizado de la propia estructura de las clases.

¿Y el instituto funciona? ¿Y el instituto integra? Dicen los profesionales que no hay problemas de convivencia y que la propia experiencia les ha ayudado a inmunizarse a las astillas de este mundo condensado. Han creado la figura del mediador de conflictos, en la que participan tanto profesores como alumnos.

Mientras buena parte de la España educativa vive convulsionada por el desorden y las violencia en las aulas, en Las Galletas afirman que para ellos buena parte de esa problemática es sólo cosa del pasado.

El proceso extra de formación de los profesores les ha servido para alinear su centro bajo una estructura dinámica en la que los problemas se transforman en oportunidades, en el que profesionales -son palabras de la directora- funcionan casi como una "familia".

Los verdaderos problemas del centro no se dan en el proceso específico de integración. Aclara el grupo directivo del instituto que agrega que la mayor carga se da en el excesivo número de alumnos matriculados. Con un total de 857 estudiantes, el IES de Las Galletas supera todas las ratios aconsejables de cifras de alumnos por aula y para este curso ya no tienen la posibilidad de admitir más solicitudes. La densidad es tal que algunos vecinos de la zona tienen que desplazarse hasta otros institutos del sur de la Isla ante la imposibilidad de conseguir plaza en el centro galletero.

¿Y las navidades?- En el mes de diciembre se habla de las jornadas de fin de trimestre, dejando a un lado las celebraciones navideñas por aquello de la diversidad de costumbres y religiones.

Los proyectos de integración también son una herramienta recurrente. Se organizan encuentros en los que cada nacionalidad tiene su espacio. Uno de los casos fueron unas jornadas gastronómicas en las que incluso pudieron participar las familias.

El IES de Las Galletas también comparte proyectos interculturales con todos los espacios educativos del municipio de Arona. Para ello se utiliza la figura de la coordinadora municipal, para celebrar las denominadas actividades intercentros.

Los chinos y las matemáticas.- Hablan los profesores de curiosidades y del día a día. Afirman todos con convencimiento que no hay ningún caso perdido, aunque sólo sea porque algún alumno aprovecha todo un curso únicamente para aprender lo básico de la lengua castellana.

Resaltan los profesores que los alumnos chinos son muy buenos para las matemáticas y que los árabes tienen una facilidad innata para los idiomas. Hablan los profesores y lo hacen con enorme orgullo. Como quien dialoga sobre su hijo, como quien explica su propio cuadro.

También está el caso particular de Nadia Abdelali. Ella acude al instituto con el burka cubriendo parte de su cabeza. Un curso decidió quitárselo para participar en una actividad del centro. Ahora lo vuelve a llevar: "Lo hago porque quiero -aclara-, no tengo ningún tipo de presión familiar".

El instituto ha pedido, para ella, una medida extraordinaria, con el fin de que pueda titularse pese a su avanzada edad.

Y lo han logrado. Integrando... Más allá del latiguillo y discurso político.

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