En defensa de la mujer canaria
El amigo Andrés Chaves, al cual leo asiduamente, se "descolgó" el pasado día 14 de los corrientes con su habitual columna Superconfidencial y, bajo el título "Nostalgia", en su apartado nº 2 (hablando de política) dijo: "Más tarde, cuando ficharon a Manuel Hermoso, la cosa se puso más fina y se reunían en el Orche, en Santa Cruz, a donde iban las niñas pijas a cruzar las piernas y enseñar la puntita de la braga a los alféreces de Milicias godos. Muchas lograron casarse y fueron felices y comieron perdices".
Querido amigo, ¿en qué lugar dejas a nuestra querida mujer canaria? Como quiera que no es la primera vez que hablas en tono despectivo contra el "godo" y el oficial de Milicias que venía a hacer sus campamentos a Los Rodeos o sus prácticas reglamentarias, es por lo que me atrevo a hilvanar estas líneas, para expresar mi punto de vista y decir que no creo que los oficiales de Milicias se veían deslumbrados... ¿por la punta de la braga?, y no por la belleza, delicadeza, ternura y otras muchísimas cosas buenas que tiene nuestra mujer canaria.
Me importa poquísimo la vida de los demás, con quién o no se casaron, pero ya que hablas así y precisamente nombras a Hermoso, él, número uno de la XIV Promoción de la IPS, en el campamento de Los Rodeos, 5ª Zona, como sargento en el año 1956 y al siguiente sale también con el número uno, alférez eventual de complemento del arma de Artillería, ya que por su carrera, la de ingeniero industrial, fue al arma de los de Santa Bárbara, mira por dónde, se va a hacer las prácticas a la Península o porque allí estudió su carrera y se casó con una peninsular, no "goda". Y como él, muchos más. Lo que son las cosas de la vida, señora a la que tuve el honor de conocer en algunos actos oficiales, cuando era la esposa del alcalde de la ciudad.
O sea, según el querido amigo Chaves, muchos alféreces de Milicias de aquella época, entre los que tengo muchos amigos y conocidos, caían en los brazos de nuestras mozas por verles esa "punta". Pero, por Dios, en aquellos años, nuestras bellas mujeres tenían bastante recato y aún hoy creo que también, pese a esas libertades que hay, y no les podías ver ni la rodilla, no más arriba y, cuando esto ocurría, esa noche no dormías.
Por el contrario, muchísimos canarios que fueron a hacer las milicias, o realizar sus estudios también sucumbieron ante la belleza, juventud, etc. de las muchachas peninsulares, que no godas, término que no me ha gustado usar nunca, y menos aún cuando se dice con retintín. ¿Qué pensarán hoy las hijas o nietas de aquellas madres que conquistaron a un "milicio" enseñándole la puntita de la braga?
En fin, amigo Chaves, no me gusta contestar ni comentar nada contra ningún escrito en la prensa a no ser que sea lesivo a mí directamente o parte de mi falimia, lo que a D.G. nunca ha ocurrido, pero éste me ha llegado al alma, pues creo, sinceramente, que te has pasado un "pelín". Pídele disculpas, que tú lo sabes hacer, y también es de caballeros, a la mujer canaria, en general, y a la tinerfeña, en particular.
Sin ánimo de ningún tipo de polémica, recibe un cordial saludo.
José Méndez Santamaría
Sobre el cónsul español en Cancún
Como la vecina del 5º -no es metáfora sino realidad-, quiero solidarizarme con la autora de la "Carta abierta al Denfesor del Pueblo", publicada en esta sección el pasado miércoles (Ana Mendoza, 15/11/2006).
Desde las vivencias que, en su día, pude compartir de cerca, no voy a opinar sobre cómo Javier Marañón, su entonces marido, la abandonó en pleno embarazo de su hijo en común, para instalarse en Madrid a vivir con otra. No voy a opinar sobre en qué condiciones abandonó a su mujer e hijo ni de cómo se fugó a Méjico para huir de la Justicia española tras ser requerido por la misma. No voy a opinar sobre el endeudamiento en el que sumió a su víctima por las trampas personales que había ido sembrando. No voy a opinar sobre cómo Ana, como tal madre coraje, con su dedicación, esfuerzo y trabajo, supo y pudo sacar adelante un retazo de familia, apenas con la ayuda de sus padres. No voy a opinar sobre la siguiente boda del individuo en cuestión, una ostentosa ceremonia mejicana (de guayabera, zapato de rejilla, calcetín blanco y pantalón a juego), para la que fletó un avión comercial que trasladase a sus invitados españoles; ni si el hecho de que se celebrase antes de haber conseguido el divorcio sea un caso evidente de bigamia.
De lo que sí opinaré es de la vergüenza que, como ciudadana española, puedo llegar a sentir de que semejante personaje residual detente actualmente el cargo de cónsul honorario de España en Cancún. Si su formación académica apenas alcanzó el bachillerato, no me cabe la menor duda de que el estatus de diplomático lo consiguiese mediante sus argucias habituales. La indignación y recelo que me inspira el supuesto responsable de mi seguridad y protector de mis intereses en aquella tierra me disuade de cualquier intención de viajar allí mientras continúe instalado un símbolo de mi Patria tan vergonzante como poco tranquilizador.
Atentamente le saluda la vecina del 5º.
Elvira de Castro
A su Majestad el Rey
Estos días compruebo atónito cómo la llegada de su Majestad hace mover toda la maquinaria del Estado para que este país funcione. Esto tiene una parte positiva: que todas las obras se terminan en cuestión de días u horas; y otra negativa: que su Majestad vive en el mundo de Matrix.
Por donde Vd. pasó en cuestión de minutos los ciudadanos de a pie tardamos media y hasta una hora en llegar a nuestros destinos. Las colas han sido y son una triste realidad que tenemos que soportar por una planificación catastrófica que ha levantado media capital sin haber acabado un solo tramo del tranvía. Los semáforos pintados no estaban así unas horas antes de su llegada. El puente que atraviesa la autopista fue pintado y barrido. Las aceras y calles fueron aseadas y los cables metidos y tapados. Incluso muchas de las mujeres que le gritaban "Viva el Rey" habían visitado la peluquería para la ocasión.
En fin, que todo lo que Vd. vio fue un mundo hecho para el momento, pero no es el que nosotros vivimos día a día: colas por doquier, gente alterada por el denso tráfico, urgencias de hospital tercermundistas donde se tiene que dormir en los pasillos, listas de espera... Mi España es la de la improvisación, la del vivir como se puede y no como se quiere, la de nación de naciones (¡qué complicado parece esto!), la de los jardines-ceniceros, la de las colillas, los chicles que se me pegan al zapato, aceras y calles sucias; la de los aparcacoches que pululan ya por cualquier lugar, la de los políticos mentirosos, las de los programas basura, la de los vividores.
Una vez oí a alguien decir que cuando visitaba una nueva ciudad iba a los mercados y a los cementerios, porque así sabía cómo trataba esa sociedad a sus vivos y a sus muertos. Creo, Majestad, que tampoco se trata de esto, pero no estaría mal una visita sorpresa a su propio país.
Román
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