UNA VEZ MÁS el pueblo tinerfeño y canario ha recibido con todo el júbilo que se merecen a los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, quienes han completado esta semana un viaje histórico a Canarias, al visitar todas y cada una de las islas en un programa de cinco días, tan apretado como entrañable.
Me atrevo a asegurar que hemos asistido, en persona o gracias a los medios de comunicación, a una estancia única, por la intensidad de la presencia de los monarcas, y de alguna forma insólita, porque no es costumbre de los Reyes hacer un recorrido tan pormenorizado en una comunidad autónoma española.
Por ello debemos estar especialmente satisfechos de su estancia entre nosotro, que pone de manifiesto el amor y la sensibilidad que siempre nuestros Reyes han tenido con las Islas Canarias. Porque precisamente su presencia es el regalo que nos hacen a todos, como ha entendido perfectamente el pueblo en todas las islas.
Tengo que destacar la satisfacción que he sentido cuando he comprobado cómo en muchas de las ciudades y pueblos visitados había una importante presencia de niños y jóvenes festejando la presencia de los Reyes, una generación de españoles que no conoce el reciente pasado de nuestro país pero que comparte la admiración y el cariño que les profesamos los mayores.
Sabido es que este viaje es de alguna manera una réplica conmemorativa del que hiciese hace un siglo el abuelo del Rey, Alfonso XIII, que también recorrió todos los rincones del Archipiélago y sentó un precedente de vínculo entre los canarios y la Monarquía española que no sólo perdura hoy sino que se consolida a diario. No en vano, todas las encuestas científicas de opinión revelan, una tras otra, que la Monarquía española es la institución más apreciada y respetada por los españoles.
Y ese cariño, en ocasiones devoción, de los españoles por sus monarcas no nace y se acentúa en el tiempo por casualidad. En absoluto. Don Juan Carlos y Doña Sofía son merecedores de ese respeto por su contribución decisiva a una España de libertad, tolerancia y donde el derecho garantiza la igualdad de los españoles ante la ley.
No debemos olvidar que ese escenario de libertad y respeto mutuo, de reglas de juego convenidas y compartidas, es precisamente el marco indispensable para que la prosperidad y el bienestar que hemos ido conquistando en estas décadas sean un hecho. Sin libertad no hay progreso, sin igualdad ante la ley no hay garantías para los ciudadanos, sin respeto a los demás no hay democracia.
Estoy convencida de que a ojos de los españoles y de los canarios los Reyes sintetizan ese formidable esfuerzo de transformación de una sociedad sin libertad ni igualdad, sin apenas expectativas de mejora, en una sociedad como la actual, moderna, libre y abierta al mundo. Sin duda, el mérito de ese cambio político, social y económico que deslumbró en su día al mundo entero pertenece a todos los españoles, a nuestra capacidad de renunciar a lo particular para alcanzar acuerdos en beneficio del interés general y común, pero no existe una institución que lo encarne mejor que la Monarquía.
Porque, en definitiva, los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía, representan la democracia, representan como nadie la unidad de los españoles en estos años y también la unidad constitucional de España, y en esa representación múltiple de unidad, democrática, social e institucional, reciben la lealtad de la inmensa mayoría de los españoles, de la inmensa mayoría de los canarios.
* Secretaria general del Partido Popular de Canarias
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