LAS BUENAS GENTES leen, en la prensa de las Islas, muchas noticias relacionadas con la Macaronesia, pero la mayoría no piensa que vaya con ellas. De hecho, más de una vez, por simple curiosidad y un poco de mala leche, he preguntado a algunos amigos con una cultura digamos que medianamente general que qué si les gustaría vivir en la Macaronesia y me han respondido, atónitos:
-¿Y eso por dónde queda?
O sea que, en la práctica, no saben donde diablos habitan. Sin embargo, otros personajes menos cultivados, por ejemplo un gomero que fue guarda forestal en El Cedro y con el que charlé en cierta ocasión estaba muy puesto en la cuestión y sabía perfectamente que ese conjunto de archipiélagos atlánticos estaba formado, además de por el nuestro, por las Azores, Madeira y Cabo Verde -y algunos islotes menoresH, lo que pasa que él decía "la Macarronesia". Tampoco es como para cachondearse: macarrones y macaronésico de desirvan ambos vocablos del griego mákaros, que significa feliz. De tal suerte que, en teoría al menos, todas esas ínsulas son dichosas. Afortunadas, en suma. Pura leyenda y mera literatura.
Las autoridades y gobernantes de todas esas tierras tratan de colaborar cada vez más estrechamente entre sí, es verdad, pero los habitantes de esos peñascos repartidos por el Atlántico africano continuamos manteniendo un desconocimiento absoluto de nuestras respectivas realidades, en ocasiones tan parecidas. Visitar algunas de las Islas azorianas, por ejemplo, es como realizar un viaje en el tiempo e instalarse en el Tenerife o en La Palma de los años setenta-ochenta, con la misma arquitectura, parecida gastronomía, vides idénticas y una flora en la que abunda el drago como omnipresente símbolo vegetal identitario.
Ahora, Cabo Verde, dentro de esos programas de colaboración de que les cuento, ha decidido, mediante un convenio con nuestra Comunidad, adoptar el modelo administrativo canario en su también fragmentado territorio, una decena de islas hermosas y variopintas, como las nuestras. No sé yo qué tal les va a ir con semejante copia. Si se limitan a importar el muy útil invento de los cabildos y lo hacen con seriedad e inteligencia política, nuestro ejemplo puede ser un buen instrumento para su desarrollo y funcionamiento, pero, en todo lo demás, uno se teme que no debieran empeñarse en plagiarnos absolutamente. Por fortuna para los caboverdianos, aunque quisieran, no podrían hacerlo, porque la administración canaria es una de las más complejas del mundo, al incluir, además de la local y la insular, la estatal, con el resultado de una acumulación burocrática que genera el mayor porcentaje de funcionarios en relación con la población de todos los países y regiones de Europa. Cabo Verde no tiene -y esa es la ventaja- ese problema, porque se trata de una república independiente.
Menos mal, oigan.
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