LA CONCLUSIÓN de Henry Kissinger de no creer ya en la posibilidad de una victoria militar en Irak es, hasta cierto punto, una obviedad y no añade nada nuevo a su currículo como asesor de seguridad nacional . Más sugestiva es, me parece, su definición de qué cosa sería tal victoria militar y el rumbo que propone. Literalmente, el politólogo norteamericano, de 83 años y aún en muy buena forma, dijo al periodista que le preguntaba: "si hablamos de instalar un gobierno con autoridad sobre todo el territorio, capaz de poner bajo control la guerra sectaria en un período de tiempo que pueda suscitar el apoyo de las democracias no creo que eso se pueda obtener por medios militares".
Pero añadió que una retirada total y sin más sería un desastre total, la región entera sería desestabilizada "y pagaríamos las consecuencias durante muchos años (... ) de modo que no creo que la opción sea necesariamente entre victoria militar o retirada total". El antiguo secretario de Estado republicano dijo, en fin, que hay que redefinir el rumbo y se apuntó a la tesis que patrocina, entre otras cosas, hablar con los vecinos, incluyendo Irán y Siria (cuyo ministro de Exteriores, por cierto, estaba ayer en Bagdad en un gesto de mucho calado).
Si se tiene en cuenta que la comisión Baker-Hamilton, encargada de recomendar a la Casa Blanca vía Congreso qué se puede hacer, recabó en su día la opinión de Kissinger, es de suponer que será la expresada el domingo, cómo obtener una salida sobre la base de recortar los objetivos a la baja y que se concretan en dos: acabar con el régimen de Saddam Hussein para, segunda parte, cancelar su pretendido programa de armas de destrucción masiva. Pero, de hecho, había otros dos: a) extender la democracia liberal y la economía abierta; b) instalar, en esa cruzada democrática, un régimen que reconociera a Israel y dar al aliado israelí una fuerte ganancia estratégica.
Sadam fue derribado y el gobierno iraquí ha sido elegido bajo los términos de una Constitución democrática elaborada por los genuinos actores políticos locales lo que podría ser visto como objetivo cumplido. Lo que sucede es que falta todo lo demás: el gobierno chií no marcha en la dirección adecuada y la insurgencia sunní y al Qaeda son inmanejables. Por eso, Kissinger dixit, hay que hablar con los vecinos a ver si pueden ayudar, por malvados que sean.
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