ASEGURA LA PATRONAL tinerfeña, agrupada en la CEOE, que en Canarias sobran 11.000 funcionarios públicos, si se hace una comparación con la media nacional, y critica, además, que sus sueldos son tan altos que suponen una competencia casi desleal para el sector privado, apreciación esta última un tanto sorprendente teniendo en cuenta que suele ocurrir lo contrario. En fin, sus estudios habrá hecho la CEOE para lanzarse a una crítica tan abierta que le puede acarrear las iras de los sindicatos, los cuales pueden interpretarla como un intento de ensanchar el mercado de trabajo en las Islas por la vía de crear más paro. Pero no seremos nosotros los que le llevemos en este punto la contraria a los empresarios. Siempre hemos abogado por un sector público lo más libre posible de cargas económicas y, sobre todo, eficiente. Y eso no es lo que ve el ciudadano cuando acude a una ventanilla o un mostrador. Todavía existen el "vuelva usted mañana" y, al mismo tiempo, el cortadito de tres cuartos de hora o el escaqueo de media mañana para ir de compras.
Ahora bien, lo que nos sorprende es que la CEOE esté tan atenta a estos asuntos, en los que, sin duda, habrá invertido tiempo, y, sin embargo, no haya reaccionado a la oportunidad que brinda la apertura de sedes en Canarias de la Cámara de Comercio norteamericana, de momento sólo presentada en Las Palmas, mientras que nadie dice nada de venir a Tenerife a canalizar sus futuras y jugosas inversiones en África. Así que lo de criticar el exceso de funcionarios está bien, pero eso entra en el terreno de la teoría, y lo que hace falta en Canarias y, sobre todo en Tenerife, es acción, hechos concretos, sin más estudios ni reuniones. Como decía alguien, arreglar de inmediato los problemas y las necesidades y dejar los trámites administrativos después. Porque aquí nos perdemos en el papeleo y la burocracia, mientras los ciudadanos siguen clamando por una respuesta a sus problemas.
Llevar a término una carretera, un puerto o cualquier otra obra de envergadura lleva una media, desde que se plantea por primera vez -increíble-, de quince a veinte años, y así ocurre que, cuando se acaba, ya se ha quedado obsoleta o pequeña. Y resulta que el principal defecto que padecen nuestras fuerzas vivas es que pierden mucho tiempo y esfuerzos en teorizar sobre lo que hay que hacer y no pasan a la acción.
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