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¿Tiempo de castañas?

15/nov/06 21:38
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C.A. (EFE), Madrid

Hay que reconocer que este noviembre tiene muy poco que ver con la imagen tradicional del penúltimo mes del año: hace un tiempo, al menos hasta ahora, casi veraniego, cosa que tiene sus consecuencias, una de ellas que se haya retrasado el inicio de la matanza, que tradicionalmente tenía su día de salida en el de san Martín, el 11 de noviembre.

Pues este año hay que retrasar la fiesta, porque, según explican los expertos, con este calor se pueden estropear las carnes porcinas, porque no toman bien la sal. Eso dicen, al menos, los que se supone que saben, que son los matarifes. Por fortuna, parece que el cambio climático no ha afectado a otro de los productos clásicos de la época: la castaña.

Hace unos días, un castañero se quejaba de que hace un tiempo que invita más a comprarse un helado que un cartucho de castañas asadas. Es verdad. Normalmente asociamos las castañas asadas al tiempo frío, cuando nos compramos ese cucurucho lleno de castañas muy calientes que volcamos en el bolsillo del abrigo -pero, este año, ¿quién ha descolgado ya el abrigo?- para calentarnos las manos antes de comérnoslas tras el no siempre sencillo trámite de pelarlas aún calentitas.

Castañas asadas ... Una imagen entrañable, de tiempos invernales. Pero las castañas dan mucho más juego. Yo mismo recuerdo, de mis días infantiles, las castañas cocidas que a veces se ponían de postre en la mesa familiar. Me gustaban mucho, aunque menos que las castañas asadas que compraba en la calle; normal, porque a los niños les suelen gustar más las cosas de la calle que las de casa... o al menos así era antes.

En fin, si quieren probar, den un corte a lo largo en la piel a un kilo de castañas y métanlas al horno hasta que la piel se seque lo suficiente como para poderlas pelar sin romperlas; de todos modos, esperen un rato para no quemarse los dedos. Cuando puedan, pues, retiren muy bien las dos pieles -exterior e interior- de las castañas.

Pongan en una cazuela un litro de leche, dos palos de canela, cien gramos de azúcar y una pizca de anís estrellado; en cuanto rompa el hervor, echen las castañas peladas y bajen el fuego al mínimo. Han de cocer un cuarto de hora, y ustedes deberán cuidar de que no se rompan mucho. Es un postre, ya decimos, muy tradicional.

En todo caso, las castañas dieron en otro tiempo mucho más juego. Se vieron desplazadas por las patatas, pero ya en el siglo XVIII; hasta entonces, eran las castañas las que se usaban en los cocidos, como guarnición... Queda por ahí, en Galicia, tierra de castañas de siempre, un caldo de castañas que algún cocinero trata de recuperar. Quedan, claro, aplicaciones de castañas en diversos platos: el puré de castañas es una guarnición habitual en platos de caza mayor y, tal vez por esa coincidencia con el final del cerdo por san Martín, le va muy bien también a un lomo de tan útil animalito.

Recetas tradicionales aparte, la castaña es protagonista de muy apreciadas golosinas, de las que la más prestigiosa es, sin duda, el marron glacé ; hoy se elabora un marron glacé excelentísimo en Ourense, que se exporta a prácticamente todo el planeta. En Galicia, pero también en Cataluña y Castilla, las castañas siempre han gustado. El propio Alejandro Dumas (padre), en "Mon dictionnaire de cuisine", explica que mientras en Castilla se rellena con aceitunas, en Cataluña se usan las ciruelas, en Francia la trufa y en Galicia... las castañas. Le gustaba la idea al autor de "Los tres mosqueteros".

Aunque se creyó que la castaña procedía de Asia, parece ser que es nativa de la cuenca mediterránea. Los romanos la apreciaron; hay referencias a ella en textos de Plinio el Viejo y del mismísimo Virgilio. Entre nosotros es bonita la poesía de Federico García Lorca que empieza "las castañas son la paz/ del hogar; cosas de antaño,/ crepitar de leños viejos,/ peregrinos descarriados..."

Todo, como ven, muy lírico y entrañable... pero a ver a quién le apetece echarse al bolsillo unas castañas bien calentitas cuando el termómetro se niega a situarse por debajo de los 20 grados... y eso cuando ya ha pasado el tradicionalmente frío, aunque soleado, día de san Martín. Hombre, una opción sería hacerse un helado de castañas; pero cabe esperar que las cosas vuelvan, más o menos, a su cauce, y vuelvan las castañeras a formar parte del paisaje invernal de nuestras ciudades, y las castañas a recuperar su papel de "calientamanos" y de sabor tradicional de los días más duros del otoño. Porque, de momento... el clima nos dice, en plan chulo, lo de "toma castaña".

PROPIEDADES

Nutrientes: Antiguamente, eran consideradas el pan de los pobres porque constituían una excelente forma de alimentación. Puede ser un alimento tan básico y saludable como el pan, el arroz o las papas. Comiendo 100 gramos de castañas se produce un aporte nutricional de 195 calorías, dato moderado si se compara con el del pan o los cereales, que arrojan alrededor de 240 calorías de media.

 

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