Tenerife Norte
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ALFONSO MORALES Y MORALES

Tacoronte sigue enriqueciendo su bibliografía

1/nov/06 18:21
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HACE ALGUNAS SEMANAS, en uno de nuestros habituales paseos por el Tacoronte de mi niñez, primera juventud y esta tercera etapa de nuestra vida, el joven amigo Enrique Acosta Dorta, al saludarnos afectuosamente, lo que hace siempre que nos ve, nos dice que le esperemos un momento que nos quiere obsequiar con su último libro "Tacoronte, entre el pasado y el presente", diccionario de caminos, publicado recientemente por el ayuntamiento de la ciudad y su Concejalía de Cultura, en impresión muy bella y cuidada, con prólogo de mi querido y viejo amigo Hermógenes Pérez Acosta, alcalde de la ciudad que le viera nacer y un gran mandatario.

Consta, además, de un preámbulo oportunísimo donde su autor nos pone al día de lo que pretende con su obra, desde sus épocas más primigenias a la llegada de los europeos, amén de los nativos procedentes de otras islas, la emigración de los canarios, sobre todo durante los siglos XVI al XIX, y el retorno de éstos, en unos casos, con abundantes "centenes" y "pesos", que, ilusionados, invirtieron en mejorar sus haciendas y las de sus antepasados, conservándose en muchos de los casos costumbres y tradiciones de variopinta procedencia, en palabras de su autor, al igual que un gran número de topónimos de otras latitudes.

Gratificante texto que irrumpe con los versos de nuestro genial poeta gomero, Pedro García Cabrera, al que siempre recordaremos en su casa de Tacoronte, muy cerca de "El Cantillo", sentado en un gran banco de cemento en un lateral de su terracita en compañía de Matilde, su encantadora esposa, de quienes gozamos de su amistad; primero, junto a nuestros padres, Alfonso y Matilde, y con posterioridad y en soledad, nosotros en diferentes actos, dentro del Círculo de Bellas Artes, o en experiencias teatrales durante nuestra presidencia de AETIJ provincial, en certámenes a los que siempre pedíamos su colaboración y jamás nos faltó.

"Sumario" muy completo en el que el joven Enrique, conjuga muy bien los antecedentes históricos: prehispánicos, la conquista, poblamientos durante el siglo XV y XVI, ilustrado con bellas casonas del Calvario (antigua calle Real), cercanías del tristemente desaparecido Museo Casilda, que, como tantas otras cosas, fuera ofrecido al Cabildo para evitar su traslado a otros países, principalmente Argentina y debido, tal vez, al poco interés de los representantes de la época y los pocos dineros -que todo hay que decirlo- se perdió y ahora se busca la forma de que regrese a estos lares y completar nuestras colecciones en los museos tinerfeños.

La emigración, tema tratado con verdadero deleite por el autor y del que pocos tinerfeños, y en general canarios, no estamos vinculados a tal fenómeno: abuelos, padres, hermanos, rara es la familia que no tuvo algún pariente en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Uruguay (Montevideo) y, mucho más tarde, Venezuela.

Aborda muy sistemáticamente los siglos XVII, XVIII y XIX, acompañados de mapas de la centuria y exponentes de las viviendas de la época, para destacar en el siglo XX pasado la llegada de los Camacho, el tranvía, la electricidad, su estación de todos recordada, al igual que de Agustín, el encargado de la eléctrica, al que recurríamos cada vez que teníamos una avería.

"La Estación", nudo de comunicaciones, bares, hotel Camacho, pensión de don Emilio Rosa, con su fábrica de turrones, su modesto cine, que luego fuera regentado por don Antonio Pallés, su esposa e hijos, todos muy buenos amigos nuestros, sobre todo Antoñito, compañero de juegos; travesuras, durante las Fiestas del Cristo y nuestras particulares fiestas, en la que fuera casa de los Domínguez-Duarte, en cuyos jardines un grupito de amigos las festejábamos, no faltando ni fuegos de artificio, confeccionados por Antonio y Pepe, que, al final de su existencia y como electricista, vivía en El Pris, acompañando a los pescadores y ayudándolos en sus problemas eléctricos. Y como colofón a tan importante texto, sus planos de caminos y el diccionario; leerlo constituye ¡una auténtica gozada!

El domingo asistimos a la última puesta de largo de la obra reciente del gran amigo Nicolás Pérez, ¡el rayo que no cesa!, "Óscar Domínguez, de Tacoronte a París" en la sala Barbacoa, con un presentador de lujo, Carlos Díaz-Bertrana, comisario del Centenario del artista homenajeado, del que, si Dios quiere, nos haremos eco en una próxima entrega, relatando alguna de las enjundiosas anécdotas que nos contara Severino Ravelo, sacristán, zapatero, senderista, por cuya tertulia pasaron los surrealistas con Oscarito como anfitrión de Bretón, Peret, etc.

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