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¿El regalo?, en efectivo, por favor

LUNES, 30 DE OCTUBRE DE 2006 22:22
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PERSONALMENTE CONSIDERO que el mejor regalo es aquel que no está sujeto a una determinada celebración o efeméride, por aquello de "no hay presente más agradecido que el que no se espera". Regalar es un arte, pero el recibir un obsequio también, disciplina que, como todas, conlleva un aprendizaje pues permite adivinar datos relevantes del que remite el presente: su sensibilidad, buen gusto, nivel de agradecimiento, creatividad, dedicación, etc. El regalo es un embajador, representa a quien lo hace y por ello debe ser elegido con sumo cuidado para no transmitir un mensaje equivocado.

Hay acontecimientos sociales a los que es obligado sumarnos con un obsequio, mayoritariamente de naturaleza familiar: bautizos, primeras comuniones, bodas, cumpleaños..., pasando en los últimos tiempos de la anécdota, a veces no exenta de gracia, de ver a los recién casados con tres exprimidores de naranja, a que nos respondan a la consabida pregunta de qué podemos regalarles o en qué establecimiento han puesto la lista de boda, con un resuelto "en efectivo, por favor, pues ya tenemos de todo".

Atrás van quedando esos tiempos en los que los contrayentes pasaban tardes en los grandes almacenes seleccionando los regalos de la llamada lista de boda, algo que tiene un toque de locura, pues una y otra vez les llaman para reponer los objetos destinados a cubrir las necesidades más perentorias en el equipamiento del futuro hogar. Las ventajas de este invento comercial son muchas: regalamos lo que necesitan, sin muchos quebraderos de cabeza; lo que les gusta, sin pararnos a pensar en la imagen que de nosotros se pueden forjar; evitamos hacer una visita y el ir con el regalo a cuestas pues la tienda se lo lleva a casa; perciben, la mayoría de las veces, un regalo extra del establecimiento y se les permiten además los cambios.

Ahora compartimos un tiempo en el que muchos consideran casarse un pequeño negocio, y no creo que exagere. En función del vínculo con los novios o del grado de agradecimiento a la familia de los mismos se hace el regalo de bodas. El sentido común aconseja que éste sea siempre discreto, no debiendo poner en una situación comprometida a quien lo recibe, pues se puede herir a las personas de economía humilde al regalar algo de mucho valor económico, denotando nuestra superioridad y haciéndoles en un futuro muy difícil el corresponder. La pregunta que de inmediato surge es cuánto y cómo.

El cómo, ya que los regalos de dinero son delicados de entregar y es de mal gusto indicar una cuenta corriente para este fin, en un sobre de buen papel, liso, de color discreto y acompañado de un detalle elegante: bombones o flores. Los billetes deben ser nuevos y en ejemplares del mayor valor facial, siempre en función de la cantidad. Bajo ningún concepto se entregan en la ceremonia o posterior a la celebración, se envían a la casa de los padres de los contrayentes, pues la situación además de embarazosa resulta de muy poca clase. Todos hemos visto alguna madre aferrada al bolso de la fiesta, ¡no lo suelta ni para brindar por el futuro de sus hijos!, con la capaccidad del mismo al límite y los sobres impidiendo la normal posición de cierre. La pobre mujer se ha pasado la velada dando las gracias, abrumada por la situación y con el rubor prendido en el rostro.

El cuánto dependerá de su criterio personal y poder adquisitivo, pero jamás se vea obligado a calcular lo que podrá costar el cubierto en ese restaurante, para luego multiplicarlo por el número de comensales de su casa y sumarle, además, el regalo. Contribuirá Vd. con ello a que haya personas malintencionadas que confirmen que lo de casarse es un negocio, pues, además de pagar la invitación, hacemos la donación. Se han desorbitado las cosas.

A este nuevo concepto de celebración de un enlace se le resta poesía, elegancia de maneras y puede que hasta emociones, esas que se experimentan al evocar a una persona que nos regaló por nuestra boda el juego de café que tenemos al uso, o esa otra que ya no está y cuyo marco de plata rodea el rostro sonriente del primer hijo. Están cambiando las costumbres y probablemente recordar a los que queremos, a los que han compartido momentos cruciales de nuestra existencia, no esté de moda.

Espero que los novios de este tiempo hagan gala de su elegancia, enviando al menos una nota manuscrita de agradecimiento, en un sobre escrito a mano y firmado por los dos. Aunque tengo serias dudas sobre qué texto aconsejarles, estoy entre el "gracias por vuestra compañía en la ceremonia de matrimonio y por el delicado presente que nos recordará su presencia en el mismo", o el "gracias por asistir al enlace y por el sobre que nos hicieron llegar, cuyo contenido nos ayudará a salir de los primeros baches económicos". Definitivamente y dada la naturaleza del regalo, les aconsejo optar por el consabido "muy agradecidos", cuya brevedad, ya se sabe, no compromete.

* Titulada superior en Protocolo y

Relaciones Institucionales

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