Como es bien conocido, las elecciones municipales y autonómicas (en las comunidades autónomas llamadas de vía lenta o del artículo 143) se celebrarán el último domingo del próximo mes de mayo y las generales, como muy tarde, en marzo del 2008 (el presidente del Gobierno tiene, como es sabido, la facultad de adelantarlas). En consecuencia, si en política todo tiene que ver con todo, es claro que aquella consulta puede influir en ésta. En concreto, no hay que tener dotes premonitorias para saber que si el Partido Popular perdiera algunas de sus plazas más representativas de las administraciones autonómica o local -la comunidad o el ayuntamiento de Madrid, la comunidad o el ayuntamiento de Valencia, la comunidad de Baleares o el ayuntamiento de Palma, etc., etc.-, perdería gran parte de las opciones para las generales, y aun podría padecer una verdadera crisis de liderazgo si la debacle fuera muy sonada. E, igualmente, si el PSOE se mantuviera en sus posiciones actuales, adquiridas en plena mayoría absoluta de Aznar, o incluso experimentara algún retroceso significativo, vería menguadas sus posibilidades de revalidar el poder en 2008.
Por razones obvias, la principal batalla electoral de las elecciones de mayo se desarrollará en Madrid, tanto en la comunidad como en el ayuntamiento, donde gobierna el PP de mano de dos de sus primeros espadas: la presidenta Aguirre y el alcalde Ruiz-Gallardón, probablemente las dos personalidades más relevantes del actual partido conservador, cada una en su estilo.
En esta ocasión, y al contrario de lo que sucedió en 2003, las encuestas de partido -más o menos fiables- parecen indicar que Esperanza Aguirre está sólida (aunque podría verse afectada por los escándalos de corrupción urbanística, que hasta ahora han provocado la dimisión de su director general de Urbanismo), en tanto Gallardón es más vulnerable siempre que el PSOE acierte con el candidato y con el programa. Efectivamente, Gallardón, un político controvertido y polémico, ha emprendido en la legislatura que toca a su fin una inmensa campaña de obras muy costosas que han endeudado Madrid para varias décadas y que han producido incomodidades sin cuento a los madrileños; no sería extraño que ahora sus ciudadanos le pasen factura por tanto incordio, entre otras razones porque no han tenido todavía tiempo de calibrar los hipotéticos beneficios de la gran transformación urbana. Por añadidura, Gallardón está padeciendo una durísima campaña en contra de la extrema derecha mediática, que le produce un indudable desgaste, aunque refuerce como es lógico las simpatías que por él sienten sectores de centro y aún de centro-izquierda que tradicionalmente no votan al PP. Esta atracción es su gran patrimonio político.
Esta situación explica el interés socialista en desbancar a Gallardón, en la confianza de que una victoria en la capital pudiera tener un efecto de arrastre suficiente para ganar asimismo la comunidad autónoma, que ya ganó Simancas hace cuatro años, antes de que los diputados socialistas Tamayo y Sáenz cometieran la más despreciable traición, aún no aclarada, de la historia del transfuguismo en la etapa democrática. Trinidad Jiménez, ya derrotada por Gallardón en 2003, no era la candidata idónea, y de ahí que fuese apartada "por elevación" de la política municipal. Bono hubiera sido un buen candidato, capaz de competir de tú a tú con Gallardón, pero ha dado la espantada, con la imaginable indignación de sus conmilitones.
Fuentes fidedignas afirman que el PSOE baraja otros nombres para la candidatura a la alcaldía madrileña: María Teresa Fernández de la Vega, Pérez Rubalcaba, Elena Salgado, Jaime Lissavetzky Todo indica que finalmente la candidata será la vicepresidenta del Gobierno (ello consuena con el hecho, ya anunciado por el propio Zapatero, de que la cartera de Justicia, cuando López Aguilar vaya a la candidatura a la presidencia de Canarias, recaiga sobre una mujer: así se mantendrá la paridad en el gabinete, en el supuesto, también presagiado, de que Rubalcaba sea el sucesor de De la Vega).
Si se confirma el presagio y tiene lugar finalmente este duelo de titanes entre Fernández de la Vega y Gallardón, la contienda trascenderá de sí misma: una victoria de Gallardón lo acercaría indudablemente al liderazgo del PP en el supuesto de que Rajoy no gane las próximas generales. Y una derrota del actual alcalde, que le obligaría seguramente a marcharse de la política, dejaría a Rajoy en una posición también muy comprometida.
Así las cosas, resulta que la campaña de Madrid influirá decisivamente en los futuros equilibrios políticos estatales. Aunque quizá habría que preguntarse dónde quedan los ciudadanos y sus intereses en este juego de estrategias tan alambicado.
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