COLPISA, Bangkok
Los militares que el martes se apropiaron del Gobierno en Tailandia, sin derramamiento de sangre, consolidaron ayer su influencia en el país, al tiempo que establecían un calendario para reinstaurar la democracia.
El Consejo militar, liderado por el general Sonthi Boonyaratglin, primer musulmán al mando del Ejército en Tailandia, país de mayoría budista -y con un creciente conflicto con los musulmanes del sur-, dice contar con el beneplácito del anciano rey, muy venerado, Bhumibol Adulyadej para dirigir el Gobierno tras derrocar al primer ministro Thaksin Shinawatra.
Las primeras medidas restrictivas llegaban acompañadas de promesas para el restablecimiento de la democracia. "De aquí a dos semanas estará preparada una Constitución interina y durante ese tiempo se nombrará una nueva Asamblea Nacional, así como un nuevo primer ministro", afirmó el general Boonyaratglin durante una conferencia de prensa a la que asistió en uniforme verde oliva, flanqueado por cuatro oficiales de alto rango.
"Dimitiré como primer ministro interino de aquí a dos semanas y, ahora, buscamos a la persona que se convertirá en el nuevo primer ministro", aseguró.
Anunció además que el Gobierno nombrado por los militares deberá elaborar una nueva Constitución de cara a nuevas elecciones generales. "Las próximas elecciones generales se desarrollarán -o así esperamos- en octubre del próximo año", anunció el general, de 59 años, añadiendo que el rey, de 78 años, no había instigado el golpe de Estado, sino que según él, "el Ejército actuó conforme a los deseos de la población".
Huida a Londres
Estados Unidos reaccionó y reclamó "la restauración del Gobierno civil en Tailandia lo antes posible". "Queremos ver resuelta esta situación de acuerdo a derecho y a los procedimientos democráticos", dijo el portavoz del Departamento de Estado Tom Casey.
Tailandia, después de décadas bajo el mandato de los generales, llevaba quince años sin golpes de Estado. Por eso el derrocamiento brutal del primer ministro Thaksin Shinawatra dejó perplejos a muchos habitantes que, aunque no sentían aprecio por él, no por ello esperaban ver las calles llenas de tanques y las pantallas de televisión acaparadas por los oficiales.
Fueron prohibidas las reuniones de más de cinco personas. Los golpistas cerraron además las fronteras septentrionales del país con Laos y Birmania.
Los autores de la asonada militar impusieron controles a los medios de comunicación nacionales e internacionales en virtud de los cuales el ministerio de Comunicación puede impedir la difusión de informaciones que consideren perjudiciales.
Los militares parecen contar con la simpatía de la población. Un sondeo afirma que más del 80% de los tailandeses aprueba el golpe de Estado.
El primer ministro depuesto partió de Nueva York, donde asistía a la Asamblea General de las Naciones Unidas, con rumbo a Londres, ciudad en la que tiene una residencia.
Oficialmente Thaksin se encuentra de "visita privada" en la capital británica, donde su casa se encuentra en el barrio de South Kensington, en el oeste.
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