El bioquímico Santiago Grisolía, uno de nuestros más solventes científicos de talla internacional, publicaba el viernes en la prensa de Madrid un artículo titulado "Cambio climático y crisis energética" en el que, con gran brillantez y con excelente apoyo bibliográfico, mostraba simplicísimamente las relaciones entre el cambio climático y el calentamiento de la atmósfera a causa de las políticas energéticas, así como lo absurdo que es seguir quemando el petróleo remanente cuando necesitaríamos los combustibles fósiles para sintetizar materiales que necesitaremos.
También denuncia Grisolía que continuemos quemando carbón mineral, que es el que mayor contaminación provoca, y que lo hagamos subvencionando tan poco productiva actividad.
Nada nuevo, evidentemente. El petróleo se agota y ya es patente que la oferta no es capaz de seguir a la demanda, sobre todo a causa de que las potencias emergentes están necesitando más energía y porque los países productores saben que sus yacimientos no dan mucho más de sí
Pero nadie reacciona. Nadie dice claramente que es preciso virar en redondo en estas materias para que el planeta emprenda una senda de crecimiento sostenible. Nadie reconoce que estamos viviendo peligrosamente, como si la crisis fuera nuestro destino natural.
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