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LA OCTAVA ISLA JULIÁN ALBERICO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ*

5 de julio de 1811, Venezuela y Canarias: vamos a hablar claro


7/jul/06 19:46
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ESTA FECHA MARCA para los habitantes de las Islas Canarias un antes y un después.

Desde que la diosa de la mitología griega, Europa, apoyó su cabeza sobre nuestro Teide gigante y, con su cuerpo sobre el Atlántico que nos circunda en el momento más sublime, como es el de dar a luz, o mejor dicho parir un nuevo mundo, en una imagen de un parto que nos presenta el momento de romper aguas y lanzar al mar tornado en color sanguinolento por los efluvios salidos del cordón umbilical, del cual emergen como un parto triple las tres carabelas con rumbo hacia lo que sería América... Desde ese momento esta esfera sideral que nos cobija es otra.

Ese hecho histórico transformaría la vida de la humanidad, pero a los canarios en particular. Desde la llegada de castellanos y portugueses, principalmente, y otras procedencias europeas, a nuestro archipiélago, en unión de los residuos de población autóctona guanche, se produjo en la nación española un nuevo mestizaje, el canario.

Como si se tratara de un plan piloto diseñado por la naturaleza, las Islas y su población fueron colocadas por la naturaleza para que se pudiera producir la ampliación del mundo conocido hacia lo que se dio en llamar Nuevo Mundo.

La naturaleza colocó a las Islas como una estación de aprovisionamiento para que las masas del Viejo Continente pudieran seguir el mandato, como si fueran una especie migratoria con la misión de establecerse en el otro lado del mar océano.

En quinientos años, después del parto de la diosa Europa, detrás de las tres carabelas de Colón, comenzó el éxodo. Barcos no aptos para la navegación en el Atlántico llegaban a las Islas en cumplimiento tácito de ampliar el mundo existente. Los viajeros llegados en ellos debían hacer cuarentenas de 6 meses a tres o diez generaciones, pero continuaban hacia la otra orilla. Las nuevas generaciones estaban formadas por los nacidos ya en Canarias. Estos aportaron desde el idioma, que ya se había suavizado, hasta su facilidad para aclimatarse al medio americano. Esta cualidad fue aprovechada por la dirección de las políticas poblacionales, y, aplicando orden jerárquico de la sociedad española de aquellos momentos, y aún también recientes, los canarios fuimos colocados en ese orden jerárquico como blancos de orilla, o sea, sin los privilegios con que nacían los españoles de la metrópoli. Por ejemplo, algunas limitaciones en el orden externo: a un canario se le prohibía usar capa, o sea, manta, como se denominaba esa prenda en las provincias de ultramar -España nunca tuvo colonias; su Estado era todo el ámbito hispano que hoy se han transformado en republicas-. Continúo con el ejemplo: no les estaba permitido sentarse en los bancos delanteros de las iglesias, no se les permitía poseer propiedades, por lo que se transformaron en grandes comerciantes; los estudios superiores les estaban vedados. Don Francisco de Miranda, el español más grande de los siglos XVIII y XIX, vivió más de cuarenta años fuera de los territorios españoles, pues el sufrió la aplicación del orden jerárquico de la España donde no se ponía el Sol.

La primera Constitución de la Republica de Venezuela dispuso la abolición de los privilegios vigentes hasta la emancipación, entre ellos la discriminación de los canarios. Éstos serían ciudadanos con todos los derechos. Esto en la primera Constitución. Con la separación de Venezuela de la Gran Colombia, el presidente Páez decreta que sean recibidos emigrantes de las Islas Canarias en particular. (Leer la obra del profesor Manuel Rodríguez Campos "La librada del sudor"), cuyo decreto aún no ha sido derogado, mediante el cual al ciudadano de las Islas Canarias, a su llegada a territorio nacional, se le otorgará la ciudadanía, casa y tierras de labranza, y se les exonerará de servicio militar.

Y con la Constitución de 1999, ¡qué ironía!, se nos otorga que podemos disponer de la doble nacionalidad, española y venezolana, y es Venezuela quien nos devuelve nuestra nacionalidad española, la que fraudulentamente se nos había estado negando, pues la Constitución del 78 crea dos tipos de españoles, los que se quedaron y los que se fueron como consecuencia de una estúpida guerra.

*Concejal de Tacoronte por el PSC-PSOE

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