Cultura y Espectáculos
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NICOLÁS PÉREZ GARCÍA

Óscar Domínguez. Arrabales de juventud

28/jun/06 20:11
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EN ESTAS SECUENCIAS que se vienen relatando del pintor surrealista Óscar Domínguez, no podemos pasar por alto los lugares de Tacoronte donde vivió parte de su niñez, adolescencia y juventud hasta la mayoría de edad. La crónica se retrotrae a los años 1913-1914, cuando se estima que la familia Domínguez sienta residencia en su casa del Calvario, puesto que las fincas de cultivo están en el pueblo. En aquel ayer lejano, y aún en el presente, el paraje exhala quietud y serenidad, propicio a la reflexión tranquila y al encuentro con los pensamientos. El paso de los años no ha borrado la sensación de soledad sin aislamiento del Calvario, un espacio romántico y testigo de añejas historias del Pósito y sus alhóndigas, enclavado en un cruce de caminos y flanqueado por la calle que lleva su mismo nombre, antiguo sendero que conectaba Tacoronte con "La Ciudad" (La Laguna), y también con El Sauzal.

El Calvario en sí es un recinto de unos 700 metros cuadrados, fortificado por un grueso paredón de piedra y barro cuyo interior empedrado se puebla de altos y centenarios pinos y recias palmeras. Situado en un cruce de caminos y al pie del barranco de la Carnicería, el histórico lugar conserva su estructura original desde que fue construido a finales del siglo XVII, quizá a comienzos del XVIII. Destaca la hornacina acristalada que cobija las figuras del Gólgota, presidida por un Cristo crucificado que se colocó el 14-4-2006 (Viernes Santo) en sustitución de la antigua cruz de madera que había. En la pintura de Óscar Domínguez no aparece ninguna alusión al Calvario, tan cerca de su casa y tan presente en sus juegos, probablemente por el carácter nihilista y descreído del Surrealismo, aunque sí reprodujo dos veces al Cristo de los Dolores antes de su marcha a París.

La semblanza del lugar debió ser espectacular en aquellos años preliminares de la primera gran guerra, pues allí estaban erguidas en suaves lomas rocosas las dos alhóndigas gemelas, a tiro de piedra una de la otra y separadas por el camino de la Herrería (antiguo camino de las Alhóndigas). Los centenarios graneros del Pósito se construyeron en 1685, el que hoy permanece, y en los primeros decenios del siglo XVIII, el que ya no existe, desaparecido en 1949 por acuerdo municipal para ampliar el citado camino de la Herrería. Que se sepa, ningún pueblo de las islas tuvo dos alhóndigas, lo que da a entender la importancia ganada por el Pósito de Tacoronte, considerado en su tiempo como uno de los opulentos de Tenerife. Los pétreas alhóndigas fueron testigos silenciosos de las andanzas de Óscar Domínguez, hasta que el pintor dejó la isla por última vez en los comienzos de la Guerra Civil Española. Causa extrañeza que el artista tacorontero no evocara en alguno de sus cuadros el singular panorama que presentaba el lugar donde vivió tanto tiempo, precisamente los jóvenes años que forjaron su primera personalidad antes de su aventura parisina.

La extensa finca agrícola que la familia tenía en la costa de Tacoronte discurría laderas abajo hasta asomarse a la costa atlántica por los predios de Guayonge, antiguo topónimo guanche y núcleo principal que fue del poblado aborigen del menceyato gobernado por el mencey Acaymo antes de la conquista castellana. El acantilado de Guayonge acoge el anchuroso desagüe del barranco de este nombre, el más importante del municipio, que desciende desde el bosque de laurisilva en la cumbre. Hablamos de una privilegiada atalaya desde la que se divisa un paisaje costero espectacular, donde la vista se pierde mar adentro sobre el mítico y proceloso Atlante.

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