LAS OBRAS DEL NUEVO ENLACE del Padre Anchieta, en La Laguna, provocaron ayer los primeros y grandes atascos de tráfico. Bastó sólo que el área metropolitana recuperara su pulso normal de actividad, después del puente festivo por el Día de Canarias, para que saliera a relucir con toda su intensidad el colapso circulatorio que ya muchos presumían, a pesar del optimismo demostrado en su momento por el consejero de Infraestructuras del Gobierno canario, Antonio Castro Cordobez.
No está en discusión la necesidad de la obra, que cuando esté terminada puede aliviar los problemas de circulación de miles de tinerfeños que pretenden acudir por las mañanas a sus centros de trabajo en Santa Cruz y La Laguna o por las noches a sus domicilios. Pero nos preguntamos por qué ha sido necesario esperar tanto tiempo para acometer una obra de esta naturaleza que, además, coincide con la ampliación de la autopista del Sur. ¿No será que ha fallado la planificación y que en los últimos años el esfuerzo inversor en materia de carreteras, como ha reconocido el Gobierno autónomo, se había concentrado en Las Palmas? Mucho nos tememos que la realidad es ésa. Los tinerfeños se ven abocados a soportar diariamente un suplicio que empieza con las colas de las autopistas y sigue con las obras del tranvía.
Repetimos que nadie puede discutir la necesidad de las mismas, pero sí es reprochable la falta de un programa temporal de obras lógico que evitase la realización simultánea de las mismas y que metiese a los tinerfeños en tal dinámica de desespero.
Desde hace años Tenerife reclama, y EL DÍA ha sido su mejor portavoz, grandes infraestructuras pendientes. Si las cosas se hubieran hecho con tino y evitando favorecer descaradamente a la tercera isla del Archipiélago, tendríamos terminados a su debido tiempo y con una secuencia cronológica adecuada el cierre del anillo insular, el puerto de Granadilla, la segunda pista del "Reina Sofía", la Vía de Cornisa...
Lamentablemente los intereses de los sucesivos Gobiernos autónomos no han ido en consonancia con la defensa de Tenerife, que quedó relegada a un segundo o tercer plano en el desarrollo global del Archipiélago.
Los atascos del nuevo enlace del Padre Anchieta no son más graves que los que ya se venían produciendo, pero son la consecuencia de una mala gestión de los recursos públicos y la acción descaradamente parcial de algunos polítiquillos.
Y al mismo tiempo que nos queda el consuelo de que ésta y el resto de obras pendientes son absolutamente imprescindibles para Tenerife, nos asalta la duda sobre los plazos de finalización de las mismas. Si sucede como en otras ocasiones, vamos aviados.
Y ahora, el causante de todos esos problemas viarios pretende ser el presidente del Gobierno de Canarias. ¡Qué aberración tan grande podría cometerse!
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