SI NO SUPIERA que cierto director de un periódico digital está pagado por un partido político, que además mantiene al medio en el que escribe día sí, día también, contra Soria y todo quien tenga algo que ver con el PP, a lo peor hasta me sorprendería de lo que acaba de opinar tan singular plumilla sobre el acuerdo del Parlamento de Canarias respecto a la intervención de la Armada en el control de las aguas territoriales. Que se sepa, la Cámara legislativa regional no ha pedido que los buques de guerra se hagan a la mar para cañonear cayucos o pateras. De lo que se habló, y se aprobó pese a los votos en contra del PSOE, fue de un despliegue disuasorio para las mafias que se lucran con este indigno tráfico de personas. Motivo suficiente para que el no mencionado columnista arremeta contra los diputados autonómicos, a quienes acusa de "arroyistas". Entiéndase seguidores de Domingo González Arroyo. Un personaje que siempre me ha caído simpático pese a que su forma de entender, y ejecutar, la política es bastante discutible.
Sea como fuese, González Arroyo es lo que es y no lo niega. Los progres con chalet, coche caro y mesa reservada en los mejores restaurantes, en cambio, se empeñan en perpetuar una trasnochada imagen de contestatarios que ya no poseen. Si es que alguna vez la tuvieron, claro está. Para los progres venidos a más, incondicionalmente antifascistas pero vergonzosamente condescendientes con tiranos como Castro, el Parlamento de Canarias es una institución respetable porque encarna la soberanía popular. Lo cual es cierto. Respetabilidad, no obstante, que deja de existir cuando sus miembros aprueban algo que a ellos les disgusta.
Chocan los progres, empero y para su desgracia, con la realidad. Porque claro, uno puede ir por ahí predicando hasta desgañitarse la gran solidaridad del pueblo canario, así como la conveniencia de perseguir no sólo a los xenófobos, sino a quienes inculcan el odio hacia lo foráneo desde los medios de comunicación. Pero la realidad, esa tantas veces mencionada realidad, es que el pueblo canario no es más xenófobo ni menos solidario que cualquier otro. Y si hemos de incurrir en las siempre antipáticas comparaciones, acaso los isleños, por su propia condición insular, sean bastante más solidarios que otros pueblos. Algo que no necesitan demostrar porque lo han hecho a lo largo de muchos siglos.
Sin embargo, esa solidaridad, mal que le pese a la progresía, tiene límites. Por ejemplo, la oposición hace pocas semanas de los vecinos del Fraile a que se instale en ese barrio un centro de atención a indocumentados. Temen que la zona se convierta en un gueto al que acudan todos los sin papeles de Tenerife. Y también el rechazo de los moradores del barrio de la Montañeta, en Garachico, a que se ubique un centro de menores en ese lugar. Y les digo más: estoy seguro que hasta María Teresa Fernández de la Vega deja de ser progre si le instalan un centro de acogida para negros frente al chalet -quinientos metros cuadrados; nada de 'soluciones habitacionales' o pollabobadas análogas- que se está construyendo en la sierra madrileña. Llegado a ese extremo, no ya la Armada; desplegaban incluso La Legión, apoyada por un bombardeo preventivo de la OTAN. Progres sí, pero no bobos.
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