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JOSÉ RAMÓN GUTIÉRREZ CASARES PSIQUIATRÍA

"La impulsividad se hereda, pero se puede aprender a manejarla "

14/may/06 18:02
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EL DÍA, S/C de Tenerife

El psiquiatra José Ramón Gutiérrez Casares visitó esta semana la Isla invitado por el Instituto Canario de Psiquiatría y la Sociedad Española de Psiquiatría Social (Icapsi) para impartir una charla sobre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, del que habla en esta entrevista. Miembro de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil, participa preferentemente en líneas de investigación relacionadas con los trastornos psiquátricos infantiles y con las estrategias preventivas en poblaciones infantiles de alto riesgo.

-Lleva muchos años estudiando la epidemiológica de los trastornos psiquiátricos infantiles, ¿cuáles son los más habituales?

-Los principales problemas son los trastornos de eneuresis, los niños meones, pero no son los que van más a la consulta. Sin embargo, los más preocupantes son los trastornos del estado de ánimo, los niños deprimidos, y los más problemáticos los trastornos de conducta. A medio camino entre éstos y los niños normales, están los oposicionales desafiantes, no es el niño que es malo, sino que juega a ser malo. Los niños con trastorno de conducta son malos, lo que en psiquiatría infantil significa no preocuparse por el dolor del otro.

-¿Tienen estos trastornos una base hereditaria?

-Sí, la impulsividad se hereda, pero puedes aprender a manejarla. Exagerando un poco, un niño con diez impulsos a ser malo con una madre que lo controla se queda en dos, un niño con dos con una madre que no se los controla se queda en dos. Los dos tienen los mismos impulsos, en cambio la carga genética es diferente.

-¿Cómo se puede evitar que un niño oposicional desafiante desarrolle un trastorno de conducta?

-Principalmente es la madre, el núcleo familiar. Pero a la hora de educar a un niño son cuatro los factores a tener en cuenta: la carga genética, el control del niño sobre sí mismo, los padres y la escuela o los amigos. Lo que podemos hacer los psiquiatras es rezar para que esta conducta del niño forme parte de una enfermedad. Si sé que estás triste no puedo hacer nada, pero si sé que estás deprimida porque algo no funciona bien, puede recolocarlo y con ello convertirte en una persona normal. Lo más importante es que seamos capaces de controlar la impulsividad, aunque la madre sea inadecuada. Lo más útil, importante y real es el contexto familiar. Es necesaria la reestructuración de un nuevo sistema familiar y escolar que ayude a controlar a ese niño.

-¿En este grupo incluye a los niños hiperactivos?

-Los niños hiperactivos tienen un trastorno de la maduración. Por causas genéticas, principalmente, o por tendencia madurativa inadecuada, no terminan de madurar y tienen dificultades para focalizar la atención en un sitio o inhibir conductas. Estas disfunciones dan problemas en la escuela, pero, al ir madurando el cerebro, disminuyen.

-¿Existe una relación directa entre hiperactividad y trastorno de conducta?

-Sí, entre el 15 y el 20 por ciento de los niños hiperactivos tienen trastornos de conducta añadidos. Son dos enfermedades que van juntas, aunque hay que discutir de qué forma. Hay niños que siempre van a ser sólo hiperactivos; niños con trastorno de conducta; otros que van a pasar de uno a otro, y otros que presentan los dos.

-¿A qué edad y cómo se diagnostica este trastorno?

-Algunos de ellos se diagnostican nada más nacer, pero lo normal es que a los 3, 4 o 5 años se puede saber ya si un niño es hiperactivo. No es un niño que se porte mal o que se mueva mucho, el trastorno por déficit de atención, como enfermedad psiquiátrica, es una estructura muy compacta con hiperactividad, impulsividad y déficit de atención, todo mezclado.

-¿Un niño inquieto no tiene por qué ser hiperactivo?

-No, hay muchos niños hiperactivos que no tienen este déficit como enfermedad. Definimos la enfermedad como una estructura de estas tres cosas que hace que no puedas organizar bien tu vida, no que te muevas mucho, que es una condición necesaria, pero no suficiente. Separar esto es la esencia del futuro.

-¿Cree necesaria la medicación en niños tan pequeños?

-La medicación resuelve el 75 por ciento de los síntomas en el 75 por ciento de los niños. Con los que no mejoran hay que aplicar terapias cognitivas conductuales.

-¿Estarán medicados de por vida?

-No siempre, aunque un porcentaje de los casos graves debería estar medicado de por vida. Un niño con TDAH tiene que estar medicado hasta los 14 ó 15 años si tiene una inteligencia normal, un buen futuro, no habiendo ninguna otra cosa que lo condicione y demostrando que su enfermedad es el elemento más importante de distorsión de su vida. A esta edad se le quita la medicación y si el niño lo sigue necesitando vuelves a hacer un intento.

-¿Tienen efectos secundarios?

-Si no se usan bien, sí. Tienen efectos que no son serios: molestias de estómago o problemas del sueño. Es un fármaco estimulante que ayuda al niño a concentrarse mejor, con lo cual está más tranquilo, pero no sedado.

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