LA CONSTITUCIÓN DE 1978 configuró a España como "Estado de las autonomías". Esta fórmula fue un compromiso entre los defensores del Estado centralizado y los que propugnaban un régimen federal. La fórmula resultó afortunada. Casi treinta años después de su entrada en vigor, la Constitución está consolidada y los ajustes que se están llevando a cabo en diferentes comunidades autónomas respetan el marco constitucional.
La fórmula autonómica pretende resolver una cuestión ya centenaria que en varias ocasiones ha puesto en peligro la estructura del Estado: sublevación de Cataluña de 1640, guerra de Sucesión española, guerras carlistas y proclamas independentistas durante la Segunda República. Subsiste, sin embargo, una preocupación en determinadas comunidades autónomas por expresar su identidad frente al resto del Estado. Una manera de manifestar tal identidad es a través de expresiones como "nación", "nacionalidad", "comunidad nacional" o "realidad nacional", que se recogen en el preámbulo o en el texto de algunos estatutos de autonomía.
El problema de esas fórmulas es que se basan en una expresión ambigua, la de "nación", que es de imposible definición jurídica y no responde a las exigencias concretas de los ciudadanos de esas comunidades, más interesados en la mejor prestación de los servicios por el gobierno o en la defensa de sus respectivas identidades culturales que en declaraciones imprecisas y vacías de contenido.
En Canarias, en parte por mimetismo y en parte por una especie de orgullo identitario, se ha recurrido a fórmulas estatutarias similares, aunque sin que esas fórmulas satisfagan las auténticas aspiraciones de los canarios en el sistema autonómico.
La fórmula de "archipiélago atlántico", aunque descriptiva y algo tautológica, es posible que refleje mejor las preocupaciones de nuestros ciudadanos. Compartiendo con las Baleares la característica insular, Canarias es, ante todo, un archipiélago atlántico, como lo son las Azores y Madeira, y esta circunstancia geográfica, unida a la gran distancia de la Península, hace surgir exigencias muy diferenciadas con respecto al resto del territorio nacional: transportes, estructura de los mercados, preocupaciones de seguridad. Las recientes crisis migratorias y el siempre presente peligro de contaminación marítima, por ejemplo, hacen que los canarios pidamos al gobierno central una ayuda especial para los peligros procedentes de los espacios marinos colindantes. El aislamiento y la distancia exigen también un trato especial en el ámbito del Estado.
Son estas características geográficas las que justifican un trato diferenciado y un apoyo especial del gobierno central y no el recurso a conceptos gastados y de imposible definición como "nación" o "nacionalidad", ya que desde el punto de vista étnico y cultural entre los españoles que vivimos aquí y los que residen en el resto del territorio nacional no existe ninguna diferencia sustancial.
* Diputado al Parlamento
Europeo, PSOE
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