DESDE EL PARTIDO Popular de Tenerife siempre hemos defendido el derecho que nos asiste a todos para defender nuestras ideas. No es hablar por hablar. Siempre hemos defendido el derecho de los demás, especialmente de aquellos que piensan distinto a nosotros. Un buen ejemplo de ello es la movilización que desde hace unos años ha promovido un colectivo de ciudadanos como nosotros en contra de la construcción del puerto Comercial de Granadilla. Siempre nos ha parecido respetable y siempre hemos pedido que también se respete a quienes pensamos de otra manera y creemos que el puerto es una oportunidad que Tenerife no debe perder y que supone una garantía para nuestra economía y nuestro empleo en el futuro.
Pero he de reconocer que la última movilización de este colectivo no la comparto en absoluto. Ni como vecina de Santa Cruz ni como responsable pública en el ayuntamiento. Me refiero a la acampada que protagonizó la semana pasada un grupo de personas en pleno corazón de nuestra ciudad, en la plaza de La Candelaria. Porque la cuestión en este caso no es lo que defienda este colectivo concreto -insisto muy respetable, sino un principio de civilidad como es el hecho de que un lugar público, un espacio público, está a disposición de todos los ciudadanos de Santa Cruz y de quienes no visitan, en definitiva, la palabra lo dice: es un lugar público, en ningún caso de unos pocos, con independencia de lo que defiendan.
Además, se sienta un precedente que en absoluto favorece la imagen y la convivencia de Santa Cruz de Tenerife. No entiendo cómo es posible que nadie piense ni en los chicharreros ni en los miles de personas que nos visitan a diario y asisten asombrados a un espectáculo impropio de la plaza emblemática para nosotros y para la ciudad. Para colmo, la acampanada, lejos de una concentración con una duración de unas horas se ha prolongado durante varios días para sorpresa de la mayoría de los ciudadanos.
Sinceramente, aquellos que no están de acuerdo con un proyecto, en este caso el puerto comercial de Granadilla, cuentan con infinidad de medios para canalizar sus planteamientos y objeciones. Todos aquellos que nos organizamos política, socialmente, acudimos a esos medios para expresar nuestro apoyo o rechazo a las cuestiones de interés común de los ciudadanos. Todos, y eso es bueno, podemos acudir a los medios de comunicación. También podemos concentrarnos y manifestarnos sin el menor temor. Y ése es un derecho que nosotros, en el Partido Popular, defendemos porque creemos en él de verdad.
Ahora bien, la defensa de nuestras ideas no nos da derecho a acampar en medio de la ciudad, en lugares pensados, construidos y mantenidos con los impuestos de todos para el uso y disfrute común. Yo no entendería una acampada permanente en el García Sanabria que impidiese que las familias con sus hijos puedan disfrutar del parque, como tampoco entendería una concentración a la entrada de un hospital que obstaculizase el tránsito de las personas y los vehículos que acuden a este servicio público. Lo que es de todos lo mantenemos entre todos y los disfrutamos todos, con los mismos derechos pero nadie por encima de nadie.
Lo lamentable del caso no es, sin embargo, el comportamiento de quienes participaron en la acampada sino el responsable público, por no decir irresponsable, que autoriza una manifestación permanente en el centro de la ciudad. Una vez más, estamos hablando de una Administración gobernada por el PSOE, la Subdelegación del Gobierno, cuyo máximo responsable calculo que ni vive en alguna de las viviendas próximas a la plaza ni regenta ningún comercio en la zona, ni simplemente disfruta de la plaza.
Más como vecina de Santa Cruz que como representante popular en el Ayuntamiento me gustaría que la Subdelegación me ofreciese alguna explicación mínimamente razonable para autorizar una acampada en La Candelaria. Me aclarase también, a mí y al pueblo de Santa Cruz a todos los colectivos que lo soliciten. Espero que sólo haya sido una equivocación, una más, y que en el futuro no se vuelvan a repetir experiencias tan continuadas en lugares cuyos usos son claramente públicos.
Es cierto que los tiempos cambian, pero eso no debe significar que los valores se pierdan. El civismo, la capacidad de convivir en armonía, desde el respeto y la tolerancia, han sido siempre característicos en nuestro pueblo. Somos gente de bien, de trato cercano y honesto, que defendemos lo nuestro pueblo. Somos gente de bien, de trato cercano y honesto, que defendemos lo nuestro con orgullo sin faltar a nadie. Esa educación hay que conservarla entre todos. Empezando por los que tenemos responsabilidad y hemos sido elegidos para defender el bien común. Y, el bien común, más allá de quien gobierne, se llama Santa Cruz.
*Presidenta del PP en Tenerife
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