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Acúfeno (ruido en el oído): el tratamiento depende de usted

VIERNES, 3 DE FEBRERO DE 2006 17:50
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ACÚFENO, TINNITUS, ruidos de oídos... Es un síntoma muy frecuente, principalmente a partir de cierta edad (40-50 años). Generalmente está relacionado con pérdida de audición, aunque el paciente no se haya dado cuenta de ésta.

Hay principalmente dos tipos: el primero y menos frecuente son los somatosonidos, es decir, sonidos que son captados en el oído, pero que se originan en otras partes del cuerpo. Por ejemplo: si usted tiene un problema en una válvula del corazón, esta es causante de un soplo o ruido tipo "clik", que puede llegar a oír su oído. La segunda causa y, con mucho, la más frecuente es de origen incierto, aunque la teoría más extendida en la actualidad es que se origina en una lesión del oído interno o en las vías auditivas que conectan éste con el cerebro, la cual provoca el ruido, generalmente asociado a una pérdida auditiva.

Hasta aquí todo parece lógico y razonable. No obstante el dilema es el siguiente: ¿por qué hay personas con pérdida de audición y sin ruidos o al contrario, con ruidos y sin pérdida auditiva demostrada? Y ¿por qué hay personas en las que el ruido desaparece o prácticamente es inaudible y otras en las que es extraordinariamente molesto? La respuesta parece estar, por un lado, en diferencias individuales, probablemente determinadas genéticamente, y por otro lado en razones puramente psíquicas.

Parece claro que el acúfeno se origina en un daño a nivel del oído interno o de las vías auditivas, al menos en el 90% de los casos. Este daño, generalmente, es puntual y debería haber una recuperación posterior, y por lo tanto una desaparición del ruido. La razón de que esta señal persista está relacionada con la evolución del hombre durante miles de años, a las circunstancias que le rodean y a la defensa ante las amenazas. Esto es, el acúfeno es tomado desde un comienzo por la persona que lo sufre como una amenaza o un peligro, a veces de forma inconsciente y dirigida por nuestro cerebro más primitivo. Por ejemplo, imaginemos que estamos en la selva y de lejos oímos el rugido de un león. Nuestro cinco sentidos se ponen en alerta y aunque hay pájaros cantando, monos gritando y mil sonidos aparte del rugido del león, nuestro cerebro sólo se fija en éste y, aunque el león esté a la misma distancia, cada vez lo oímos más fuerte y más claro. Ello se debe a que nuestro cerebro está tan atento a este sonido que pone toda su capacidad en captarlo.

Por lo tanto, ¿qué es lo primero que tenemos que hacer ante un ruido que oímos en nuestro oído o nuestra cabeza? Pues, en primer lugar, consultar, consultar con un especialista, ya que puede tratarse de una lesión aguda de nuestro oído y, por lo tanto, cuanto antes se trate existirán menos probabilidades de que ésta y sus consecuencias permanezcan. Y en segundo lugar, intentar que la parte más avanzada de nuestro cerebro prevalezca sobre nuestro cerebro primitivo. Nuestro cerebro consciente debe decirle a nuestro cerebro "troglodita" que ésta no es una señal de peligro y que no hay por qué preocuparse, dirigir nuestra atención a los cientos de señales auditivas que tenemos en nuestro entorno y que son igualmente importantes, y, si hace falta, ayudarnos de nuestra música favorita o de una fuente de sonido cercana que nos resulte incómoda para ayudar a nuestro cerebro a olvidarse de ea molesta sensación.

* Especialista en Otorrinolaringología

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