ANDAN SUS SEÑORÍAS, las de Teobaldo Power, digo, presas de un frenesí investigador que no es ni normal. No creo que exista en nuestro más o menos civilizado entorno otro Parlamento que haya creado, en un periquete de tiempo, nada menos que tres comisiones investigadoras. Como sus señorías legislan poco, que debía ser su función, se ponen a emular a Nero Wolfe y Hércules Poirot, un suponer. Aunque ellos no traten de resolver enigmáticos casos de asesinato, sino algunas inconsecuencias ante los desastres naturales y determinados chanchullos que, de misteriosos, tienen bien poco.
Hay una comisión para investigar todo lo relacionado con el desastre del Delta. Pero, ya han advertido diversos comisionados y hasta el propio presidente de la Cámara, que de las labores de este organismo "se sacarán, principalmente conclusiones de futuro". Lo cual que ya me lo picarán menudito para cargar la cachimba, porque sobre el pasado, sobre los sucesos incurridos, se puede indagar. Sobre el porvenir lo más que se puede es hacer vaticinios. Si las tales comisiones no sirven ni para señalar y delimitar responsabilidades, el personal está en su derecho de preguntarse para qué diablos se crean.
La otra comisión, la de la trama eólica, como se ha dado en llamar, lo tiene, en teoría, más claro porque aquí los apaños y las mamancias se suelen llevar a cabo sin tomar ningún tipo de precaución, pensando en la presunta impunidad del cargo. Hay documentos y hasta correos electrónicos muy sabrosos, a los que los comisionados, si ciertamente quieren llegar al fondo de la verdad, podrían hincarles el diente para arrancar sustanciosas tajadas. Pero, como en ese tinglado están metidos, hasta más arriba del entrecejo, los sorias y los sorias con mucho (tanto el presidente del cabildo grancanario como su hermanísimo el ex consejero), no es previsible que el PP vaya a poner mucho empeño en el esclarecimiento de los hechos. Es más: por si las moscas, han sido los populares los que han propuesto la tercera comisión con el objeto de investigar la gestión del actual presidente, Adán Martín, en su época al frente del departamento de Hacienda del Ejecutivo autónomo. Una manera de decir: si ustedes tocan a los nuestros, vamos a por los suyos. Lo cual demuestra con quién nos jugamos las perras, y nunca mejor dicho.
Al final, no pasará nada, ya lo verán. Pero, esa aparente furia indagadora que les ha entrado a nuestros representantes parlamentarios, es un indicador de cómo van las cosas, de que ya estamos en la recta -larga, pero intensa- que conduce al 2007, año electoral. Y que, aquí, para llegar al machito y desbancar a los que están en él, no se le van a hacer ascos ni a cualquier acuerdo contra natura. Si es que en política los hay de esa clase, que, seguramente, no.
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