SERGIO LOJENDIO, Tenerife
Ese halo mágico que atesoran el ritmo frenético y los pasos de baile de las comparsas parece que se diluye con el paso de los carnavales, en la misma medida que se ha ido consolidando la jerarquía de las murgas. Precisamente, este mismo proceso, pero a la inversa, con rondallas y comparsas rivalizando, ya lo vivió en sus carnes todo un veterano del Carnaval, Luis Hernández Collado, director de Danzarines Canarios: "Las comparsas empezamos a vivir una época dorada a comienzos de los años 70 y, por aquel entonces, desplazamos a las rondallas, las auténticas protagonistas".
Luis, que se convirtió en danzarín allá por el año 1972, echa la vista atrás y se muestra autocrítico ante la involución que a su juicio han sufrido estos grupos: "En mi opinión, las comparsas llevamos años estancadas en la samba, la salsa y el merengue, de tal forma que todas nos repetimos y, prácticamente, hacemos lo mismo".
El ejemplo más evidente de esta paralización se percibe en el concurso, "que ya se ha hecho pesado y monótono, porque no hemos sabido regular el tiempo de duración, y esto ha provocado que las comparsas hayan perdido mucho atractivo para el público", comenta. A su juicio, un escenario como el recinto ferial "es idóneo", porque la gente va a estar más cómoda en sus asientos y no va a sufrir las inclemencias del tiempo como en la plaza de España.
Con la idea de intentar despertar la adormecida esencia de las comparsas, el concejal de Fiestas, Bruno Piqué, le propuso a los grupos eliminar el concurso de interpretación y centrarlo todo en un gran espectáculo de ritmo y armonía, pero la alternativa no fue bien acogida por los grupos y, finalmente, se desestimó.
"Yo estoy de acuerdo con el concejal en potenciar la batucada, desarrollando en la avenida de Anaga, desde las seis de la tarde y hasta las nueve de la noche, un macroespectáculo a imitación de lo que es el sambódromo de Río", dice Luis Hernández.
Precisamente, en un intento por encontrar otras llaves con las que poder abrir puertas alternativas, Danzarines Canarios apostó el pasado Carnaval por subir al escenario sin instrumentos eléctricos, "pero parece que la idea no terminó de gustar demasiado".
Aquellos viajes
Para este comparsero resulta bastante sintomático el hecho de que, de un tiempo a esta parte, las batucadas, las parrandas, las fantasías de volantes y los espléndidos tocados, acompañados por los pasos frenéticos de los cuerpos de baile, no sean ya el elemento representativo y promocional de Tenerife en ferias internacionales de turismo, como el caso de Fitur.
"Recuerdo aquellos tiempos, cuando no parábamos de viajar, de acá para allá y de un lado a otro, por toda la Península y también por el extranjero. La gente nos preguntaba si éramos brasileños y nosotros respondíamos orgullosos que veníamos de Canarias, del Carnaval de Tenerife. Lo vendíamos bien y lastimosamente todo eso se ha perdido".
Luis Hernández todavía rememora el año 1992, cuando Danzarines Canarios estuvo presente en la Expo de Sevilla, en Francia, también en Italia y hasta llegaron a actuar en la isla Reunión. "Del viaje por Italia no puedo olvidar al representante que nos acompañaba. El grupo viajaba en autocar y él nos seguía en un BMW. Además, nunca se desprendía de un maletín que tenía sujeto a la muñeca con unas esposas. Con el paso de los días me atreví a preguntarle si era de la mafia".
Desde hace ocho meses, Luis no ha parado, simultaneando su trabajo con la dedicación a la comparsa. "Hay que conjugar a la batucada, a los coros y la coreografía del cuerpo de baile y eso no se hace en un plis plas. Se necesitan horas y esfuerzo, mucho esfuerzo, porque yo lo tengo claro: al concurso voy a competir, no a participar", sentencia.
Precisamente, Danzarines Canarios presentará su fantasía mañana, sábado, a partir de las 21:00 horas durante una cena-espectáculo que se celebrará en La Cascada.
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