"ENTRO a tu casa con tu profusa merced, postrándome en tu templo sagrado con reverencia. Cuan hermosa son tus carpas Yaacov, tus moradas, Israel...".
Cuando me disponga a rezar en la "esnoga" echaré en falta tu diligencia en cumplir los preceptos, tus consejos y la manera en conducirte en las plegarias y también el amor a tu linaje, a tu pueblo, nuestro pueblo. El desconsuelo embarga la alegría de estos días pasados al calor de las luminarias y de los dulces de Hanuka, pero también aleja todo vestigio de duda sobre la bondad que guiaba tus pasos, aunque los míos dejan al descubierto la desnudez de la planta de mis pies, sin ánimo de ser irreverente.
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