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Sables

8/ene/06 12:37
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EL EJÉRCITO ESPAÑOl no es ideológicamente monolítico. A algunos militares les pareció bien que Zapatero retirase las tropas de Irak, a otros les dio igual y unos cuantos -o muchos, aunque eso no importa ahora- tragaron sapos y culebras. Las Fuerzas Armadas están uniformadas en la vestimenta, no en la forma de pensar. Asunto distinto es que manifiesten en público opiniones discrepantes a las del Ministerio de Defensa o el propio Ejecutivo.

Sobra recordar, por ser canción de tan repetida ya aprendida de memoria, que el actual Ejecutivo se caracteriza por sus incongruencias. Incoherencias sustantivadas en las ya famosas rectificaciones del día siguiente, que han menudeado desde que comenzó la legislatura en Educación, Sanidad, Vivienda, Asuntos Exteriores y, por supuesto, Defensa; departamento este último en el que Bono ha tenido que hilar fino para no pelearnos definitivamente con los gringos pese a la sentada del señor presidente. Por ejemplo, enviando una fragata a la sordina para que escolte a un portaviones norteamericano en una intervención, dígase lo que se diga, claramente bélica. El caso es tener a todo el mundo contento, incluso a los militares españoles; o al menos intentarlo.

Lo malo es que a veces alguien saca los pies de la maceta. Más o menos como la tapa del caldero al fuego, que de vez en cuando se levanta para que escape el vapor acumulado. Al teniente general Mena acaso haya que agradecerle el bofetón que nos ha despertado de tanta estupidez navideña, aunque no creo que su discurso haga caer a los papás noeles que desde hace tres semanas escalan las fachadas sin llegar nunca a su objetivo. ¿Es admisible que un alto mando de la milicia se exprese así? Evidentemente, no. Supone una falta de respeto no sólo al Gobierno actual, sino a todos los gobiernos que llevan tres décadas comprando juguetes bélicos, más o menos caros, para que en los cuarteles no cunda el tedio. Además, despachan a los soldados para misiones internacionales -así viajan-, aunque su cometido en tierras lejanas podría hacerlo una buena ONG nueve de cada diez veces.

Lo malo es que los juguetes se quedan casi siempre en mera ilusión. Ni son tantos, ni alcanzan al menos para vigilar nuestras fronteras. A las costas de Tenerife, Gran Canaria o La Palma no sólo puede llegar cualquier comando terrorista para poner cuatro bombas y acabarnos el turismo. Arriba en una patera todo el que quiere sin que lo descubran hasta que lo ven caminando por la calle. Esa es la realidad. Y a veces los militares se cansan, como se hartan los médicos, los maestros y hasta los bomberos de tanta precariedad. Es entonces cuando a alguien se le cruzan los cables.

El propio Mena Aguado recordó, antes de echarse al intocable monte catalán, que la tropa del Ejército de Tierra sólo está cubierta en un 85 por ciento, mientras que en la Armada falta un cuarto del personal previsto. Los jóvenes no quieren ser soldados porque cobran poco. Y cobran poco porque nos hemos impuesto un Ejército profesional que no podemos pagar, como tampoco podemos contentar a todos siempre.

Por eso hasta viene bien tener un motivo de vez en cuando para cesar a un general y dar un escarmiento. Al menos durante unos días no se hablará de asuntos más acuciantes. Aunque el ruido de sables intranquiliza más que los sablazos continuos de un Gobierno que no sabe a dónde ir.

rpeyt@yahoo.es

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