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El general Mena

8/ene/06 19:59
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UNA NOTICIA DE AYER sábado, iniciada el viernes en Sevilla, acapara necesariamente la atención del observador en esta primera "semana" del año 2006: se trata de la petición de destitución fulminante del teniente general jefe de la Fuerza Terrestre española, José Mena Aguado, y su pase forzoso a la situación de reserva tres meses antes de lo previsto, como consecuencia de su discurso con ocasión de la Pascua Militar. Por exigencias del cierre, escribo estas líneas cuando todavía se está desarrollando la entrevista entre el teniente general Mena y el ministro de Defensa, José Bono, lo que obliga a esperar hasta disponer de todos los datos; pero como en algunos medios ya se ha hablado de "ruido de sables", eufemismo que quiere designar riesgo de golpe militar, considero esencial que el lector conozca en su literalidad las palabras del teniente general Mena, sin lo cual no sería posible de ninguna manera hacerse una correcta composición de lugar ni formarse criterio, y en cambio sería muy fácil ser víctima de todo tipo de intoxicaciones informativas y propagandísticas.

El texto literal

Después de un breve resumen de las actividades y las novedades organizativas de las Fuerzas Armadas españolas a lo largo de 2005, Mena quiso referirse a los "sentimientos, inquietudes y preocupaciones de mis subordinados y transmitirlos, como es habitual, a la máxima autoridad de mi Ejército, y hacerlos públicos, por expreso deseo de aquéllos", señalando que "por razón del cargo que ocupo no debo, en actos como éste, expresar mis opiniones personales".

Sus siguientes palabras, que han provocado la petición de su destitución, son éstas:

"Siempre he recalcado que los militares no debemos entrar en disquisiciones políticas que, lógicamente, corresponden a los políticos.

Ahora bien, es nuestra obligación alertar de las graves consecuencias que podría conllevar la aprobación del Estatuto de Cataluña, en los términos en que está planteado, tanto para las Fuerzas Armadas, (como institución), como para las personas que las integran, en tres aspectos verdaderamente preocupantes para nosotros.

El primero es el concepto de nación, en el que no voy a entrar porque el artículo 2 de la Constitución Española lo expresa clara y rotundamente: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas".

El segundo es el de la lengua. El hecho de que en una Autonomía sea exigible el conocimiento de su lengua particular es una aspiración desmesurada que obligaría en las Fuerzas Armadas a regular los destinos a esa Autonomía de la misma forma que actualmente se regulan los destinos en el extranjero. Es decir, que los destinos a Cataluña, País Vasco y Galicia estarían supeditados a la voluntariedad de los militares que quisiesen acreditar el conocimiento de la lengua que fuese exigible en cada Comunidad.

El tercero está relacionado con la justicia. Las Fuerzas Armadas están desplegadas en todo el territorio nacional. La actual independencia de los Tribunales de Justicia de las Autonomías crea graves problemas en las Fuerzas Armadas al producir sentencias dispares para hechos similares que, (sin estar incursos en el ámbito estrictamente castrense, cuyo tratamiento corresponde a la jurisdicción militar, según el artículo 117, apartado 5 de nuestra Constitución), afectan al régimen interior de las bases, acuartelamientos o establecimientos militares y a las expectativas profesionales de cada uno de los componentes de las Fuerzas Armadas. Este problema se agravaría mucho más con la aparición de poderes judiciales autonómicos, independientes del Estado.

Afortunadamente, la Constitución marca una serie de límites infranqueables para cualquier Estatuto de Autonomía. De ahí mi mensaje de tranquilidad. Pero, si esos límites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable, sería de aplicación el artículo 8º de la Constitución: "Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército de Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad y el ordenamiento constitucional".

No olvidemos que hemos jurado, (o prometido), guardar y hacer guardar la Constitución. Y para nosotros, los militares, todo juramento o promesa constituye una cuestión de honor".

Ruido mediático

Las primeras noticias del discurso de Mena vinieron con el acompañamiento prácticamente simultáneo de un gran ruido mediático producido por los partidos separatistas, por otros nacionalistas no formalmente separatistas y por Izquierda Unida. Muy poco después llegó una información según la cual el jefe del Estado Mayor de la Defensa había pedido al ministro la destitución del teniente general Mena, y la de la citación a Mena para presentarse al ministro ayer a las 10 de la mañana. Como he dicho, escribo cuando aún se está desarrollando esta entrevista.

Ocurra lo que ocurra con el teniente general Mena Aguado, salta a la vista una primera consideración, a saber: cuando estas palabras han producido estos efectos, esto significa sin lugar a dudas que en el Gobierno se ha considerado que constituyen una falta de la máxima gravedad. Es muy importante, pues, conocer las razones por las cuales el Gobierno opina de esta forma a la vista de lo dicho por el jefe de la Fuerza Terrestre. Me temo que habrá ocasión de seguir con este asunto en semanas venideras.

ramon.pi@sistelcom.com

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