Santa Cruz de Tenerife
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De Benijo a El Draguillo

Caminos de Anaga (II): La segunda propuesta de excursión por el Macizo parte desde la agreste costa hasta una zona alta de excepcional belleza, a la que sólo se puede acceder tras efectuar un duro recorrido.
11/dic/05 22:18
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EL DÍA, S/C de Tenerife

Ruymán Izquierdo, vocal en el tagoror de Anaga, propone como segunda ruta de su serie sobre los senderos del Macizo partir desde la agreste costa de la playa de Benijo hasta llegar a El Draguillo, previo paso por Las Palmas.

La salida es el caserío de Benijo y la marcha por el antiguo camino de la cumbre conducirá hasta los altos de El Draguillo. Benijo y Taganana, en la costa, fueron los dos únicos asentamientos de la zona en los que se instalaron ingenios azucareros. El Valle de Benijo es uno de los pocos barrancos que tiene correntía de aguas todo el año, con la que regar sus huertas.

La subida es larga y cansina. Mientras se gana altura se van divisando el caserío de Almáciga y el Risco de Las Ánimas en Taganana. En lo alto de Benijo aparece una curiosa meseta, donde se practica parapente en ocasiones. Numerosos vecinos de toda Anaga iban y venían, cargados con batatas, papas y leña, por estos caminos. Resulta difícil con una simple mochila al hombro y cuesta imaginar a aquellas gentes que se movían por pura necesidad.

En el camino se aprecian zonas empedradas, antiguos muros, lajas que sirven de descansillo e, incluso, una antigua puerta de leña que impide el paso. Son habituales en toda la zona y, colocadas estratégicamente, sirven para impedir el paso de las cabras. Basta con entrar y volverla a cerrar. Por debajo pasa la pista de El Draguillo y por el camino varios dragos agarrados a los riscos aguantan la brisa que sube desde la costa.

La llegada a lo alto viene presidida de una enorme formación rocosa conocida popularmente como la Piedra del Draguillo. Ella recibe a los senderistas y desde su cima se disfruta de unas impresionantes vistas del valle de El Draguillo y su caserío. Un magnifico lugar para descansar. A través del monte, por una travesía llana, se llega a otra puerta, límite de zona. Aparte de la vegetación (fayal-brezal y laurisilva) pueden contemplarse los restos de la actividad agrícola que existió (huertas, estanques, perales, etc.).

En el centro del valle comienza otra nueva ascensión que conducirá a la Cruz del Draguillo, cruce de caminos que podría llevar a Chamorga, Cabezo del Tejo o Tafada. Elegir esta última supondrá contemplar maravillosas vistas, si las nubes dan su permiso, de Las Palmas de Anaga, Chamorga o La Cumbrilla.

Las Palmas de Anaga.- En Tafada hay que girar en el primer cruce para coger la senda a Las Palmas de Anaga. Desde los altos de Las Palmas se observan los Roques de Anaga antes de pasar por detrás del Roque Aderno. Después del Aderno, en el paso de Las Palmas, aparece una cueva de difícil acceso, recomendada sólo a expertos senderistas y personas que conocen la zona. A partir de aquí el camino se hace más abrupto hasta llegar a Las Palmas. Allí es bueno pararse a contemplar unas maravillosas vistas del valle, del caserío y de toda la costa hasta La Punta del Hidalgo.

En Las Palmas se abre una finca inmensa, pues en el pasado se cultivaba todo el valle hasta la misma cumbre, de lo cual los bancales, perdidos en medio del monte, son mudos testigos. Daban vino, papas, batatas, higos, trigo, cebada, legumbres, etcétera. De todo ello da fe Silvestre Izquierdo, mayordomo mayor de la Hacienda de Las Palmas, que entre 1769 y 1786 escribió 138 cartas a Juan Bautista de Castro Ayala, su propietario, conservadas en el fondo documental de la Casa de Ossuna.

El caserío se conserva como estaba, aunque algunas de las casas están en estado ruinoso. El asentamiento es patrimonio etnográfico y cuenta con lagares de piedra, hornos de pan y teja, piedras de lavar, atarjeas, estanques, corrales, pajizos, etcétera. Destaca la casa de la finca, antigua casona canaria de principios del siglo XVII, de una planta, con patio interior, panadería y ermita, que conserva un magnifico artesonado y la imagen de San Gonzalo, patrón del caserío. La Hacienda, como se la conoce, es una pequeña joya de la arquitectura tradicional canaria, hoy en estado de abandono.

Frente a Las Palmas está el Roque Tierra, que sirvió de embarcadero. En su cima hay una vieja cruz, que ya perdió su brazo, y que nadie sabe quien colocó. De allí se extrajeron momias guanches y hoy está prohibido su acceso.

El camino invita a coger dos direcciones: al Faro, pasando por Los Orovales, o de regreso, esta vez por la costa, a El Draguillo. Optar por esta última es afrontar otra "pechada" que conducirá a la riscadera de El Draguillo, antes de llegar al caserío del mismo nombre. Esta riscadera se formó por el desplome de una montaña y separa la Anaga de las pistas y carreteras de la de los antiguos senderos.

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