A ESTAS ALTURAS DE AGOSTO deberíamos estar inmersos en el verano profundo. Ese que se caracteriza por las calles semidesiertas de las ciudades no costeras, una escasa circulación en las calzadas y ausencia de declaraciones políticas. Parece, en cambio, que el estío actual no está por tal labor. El tráfico sigue igual -o casi-, continúa el ajetreo en las aceras y hay mandatarios, o al menos cargos públicos más o menos apañados, que persisten en manifestaciones de saldo; afirmaciones increíbles hasta para ellos mismos que, sin embargo, cuelan con cierto éxito en el vacío de los días caniculares. Políticos como Ángel Llanos, sin ir más lejos. Un muchacho inquieto y afanoso, nadie lo niega, pero proclive a no entender que Ricardo Melchior lo hizo consejero de Relaciones Institucionales para que estuviera tranquilo y callado. Bueno, y para algo más. Veamos.
Con frecuencia, la aritmética de los votos no es tan sencilla como parece. A Zerolo le bastan catorce concejales para tener mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Santa Cruz. Pero limitarse a tan exiguo guarismo le hubiese supuesto vivir cuatro años bajo la espada de Damocles. No sólo porque se ponga enfermo, casualmente o no tanto, un concejal cuando se va a votar algo trascendental. Un quórum basado en la ajustada mitad más uno crea, en el mejor de los casos, demasiadas tentaciones incluso dentro del propio grupo. Alguien puede ponerse tonto, pedir un capricho y echarse al monte si se lo niegan. No obstante, si a los concejales propios se añaden los cinco del PP, cualquiera lo piensa dos veces antes de intentar la baladronada. Miguel Zerolo fue consciente de su talón de Aquiles cuando el escrutinio de votos se aproximaba al cien por cien, y no pasaba de los catorce ediles. Desde esta perspectiva, la real, el pacto que le ofreció al PP tenía poco de generosidad integradora y mucho de interés para sí mismo.
La situación del Ayuntamiento santacrucero se reproduce con exactitud en el Cabildo tinerfeño. Melchior podía gobernar con quince consejeros, eso es evidente, pero expuesto igualmente a la precariedad sobrevenida. Descartado, en aquel ya un tanto lejano 2003, cualquier apoyo del PSOE, los cuatro miembros del PP en la Corporación le venían muy bien. Motivo suficiente para encomendarle a Llanos la importantísima gestión de las Relaciones Institucionales, y facilitarle algunos dinerillos para que haga encuestas y se entretenga.
El asunto hubiera funcionado los cuatro años, pero Adán Martín expulsó a los populares de su Gobierno, y claro? La primera reacción de Cristina Tavío fue romper con Zerolo y Melchior. De hecho, la decisión estaba casi tomada. A Ángel Llanos se le hizo un nudo en la garganta. ¿Qué sería de él sin sueldo, secretaria y hasta viajes a Bruselas? Tan laborioso como inasequible al desánimo, reviró la situación a golpe de teléfono. Pocas horas después, el PP tinerfeño estaba convencido de que sin el apoyo que le daban a CC en la Corporación insular y el Ayuntamiento capitalino, la Isla sería un caos y Santa Cruz el mayor desastre. Así fue como los populares perdieron la dignidad y Llanos conservó su sueldo. Ahora, acaso pensando que en agosto nadie se iba a enterar, declara que nunca se han planteado romper con CC en Tenerife. Si él lo dice, supongo que será verdad. Pero no me lo creo.
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