OBVIAS RAZONES derivadas de la coyuntura política aconsejan no utilizar el texto tradicional del refrán. Por eso en esta ocasión dejo en paz al gremio del calzado y recurro al también muy honrado colectivo de pescadores para reflejar la necesidad de que cada cual hable y pontifique solamente sobre aquello que de verdad conoce.
Viene todo esto a cuento de las tantas ocasiones en que periodistas, tertulianos o políticos se permiten criticar los resultados de los estudios demoscópicos que se publican, sin detenerse a hacer un análisis, ni mucho menos profundizar en los detalles de esos informes que comentan alegremente, casi siempre de manera negativa.
Últimamente, el consejero de Relaciones Institucionales del Cabildo de Tenerife, Ángel Llanos, ha publicado los resultados de una encuesta sobre infraestructuras. Encuesta realizada por una empresa a la que no tengo el gusto de conocer y de la que ignoro la identidad de sus responsables. Pero a la vista de las fichas técnicas publicadas, me siento en la obligación profesional de afirmar que las especificaciones metodológicas descritas en la presentación de estos resultados son absolutamente coherentes.
Sin embargo, han aparecido numerosos comentarios escépticos sobre supuestas debilidades de las que esta encuesta podría adolecer. Entre otras, la acusación más repetida ha sido que "se observan lagunas en el muestreo" o "las mismas personas que han elaborado la encuesta afirman de forma incongruente que los resultados recogidos en todos los municipios de la isla, excepto Santa Cruz y La Laguna, son meramente orientativos" debido a que su nivel de confianza "arroja un coeficiente de error muy alto" y, por tanto, "no se garantiza su fiabilidad". He resaltado la frase "de forma incongruente" porque esta imputación es la que mejor refleja la absoluta ignorancia de quienes acusan. Porque, por supuesto, me niego a sospechar que exista mala voluntad.
Si se observan con el debido detenimiento las características metodológicas del estudio, salta a la vista con toda facilidad que los núcleos investigados son la isla de Tenerife, por un lado y la zona metropolitana, Santa Cruz-Laguna, por el otro. De esta manera, el diseño muestral garantiza la confiabilidad y representatividad de estos dos universos. Por ello, los responsables técnicos de la investigación advierten, con toda congruencia y profesionalidad, que los datos parciales municipales de zonas del interior sólo pueden ser contemplados de manera orientativa porque su representatividad no está garantizada. A mi manera de ver, una actitud impecable y honesta.
En realidad, el problema reside en el fallo a que aludo con el refrán inicial. Cada cual que hable de lo que sabe. A nadie se le ocurre discutir aspectos técnicos de un edificio o de un puente o de una operación quirúrgica sin ser arquitecto, ingeniero o médico, pero todo el mundo se siente autorizado a tratar con ligereza los detalles de una investigación demoscópica sin disponer siquiera de la información básica imprescindible. Por eso se ha difundido la falsa creencia de que "las encuestas se equivocan". Y no es cierto. Las encuestas no suelen equivocarse. Quienes yerran habitualmente son quienes extraen conclusiones a partir de unos resultados incorrectamente analizados.
Es preciso que la utilización de estas investigaciones se ajuste a los propósitos para las que han sido diseñadas. Las encuestas no sirven para sostener argumentaciones ni como prueba en debates.
Las encuestas suministran datos muy concretamente referidos a un momento en el tiempo, que tienen un gran valor para diseñar estrategias de actuación y, si se hacen debidamente con la frecuencia necesaria, para dibujar la evolución de un determinado fenómeno. Una encuesta funciona exactamente como un análisis o una exploración médica, en la que los síntomas sirven únicamente para señalar una situación anómala y dar elementos de juicio para decidir las acciones de corrección necesarias. Las encuestas no son una bola de cristal, sino una fotografía instantánea de la realidad.
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