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Con las cosas de comer no se juega


23/jun/05 23:25
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Y MENOS AÚN si con ello solo se pretende comprar votos. Hay que ver con que supuesta habilidad el PSOE cree haber hecho una jugada maestra con el proyecto de ley mediante el cual se quiere legalizar el matrimonio entre homosexuales, y, también, el divorcio rápido, dos colectivos importantes cuyos votos se intentan captar, aunque la ley pueda no salir adelante.

Cara a la calle, se presenta como la eliminación de una discriminación, una cuestión de justicia, la reivindicación de un derecho. Y mucha gente, traga. Por ahora.

Hábilmente se camufla la adopción de niños, que lleva como bandera el acoger a esos que nadie quiere, sin entrar en sus derechos, como es el de tener un padre y una madre, sexuados y equilibrados. En eso, las discrepancias entre los electores son mayores, y por tanto se camuflan deliberadamente.

En los rótulos de los medios de comunicación campea la frase de la "manifestación contra el matrimonio entre homosexuales", promovida por la "derecha" y por la Iglesia, y, sistemáticamente, apenas se mencionan los derechos de la familia, los del niño, y los de la sociedad en que vivimos. Y la gente sigue tragando. Por ahora.

Pero el hombre de la calle, si bien hemos llegado a mostrar una gran indiferencia hacia nuestros políticos -como demuestran los bajos índices de participación en las elecciones- sabe reaccionar cuando algo les afecta directamente. Y le pasaremos la cuenta al partido del Gobierno. Y si no, veremos.

Muchos más votos se logran con una buena ley de protección a las familias, entiéndase trabajos estables, acceso a la vivienda, sanidad decente, educación y formación, protección a la natalidad, aspectos que si bien están frecuentemente en boca de los políticos, no pasan de ser muletillas encaminadas a ganar votos. Y el hombre de la calle se siente burlado, y pasa factura.

Dicen los estudiosos que en el año dos mil veinticinco, seremos el país con mayor número de ancianos de Europa, consecuencia lógica de nuestro misérrimo índice de natalidad, que no cubre el relevo generacional. Y no porque los matrimonios no quieran más hijos, sino porque con las leyes actuales y la carestía de viviendas no pueden tenerlos.

Somos el primer país que ha firmado la "constitución europea", los chachis, o los totis, según se mire, pero ocultamos que somos el país que está a la cola de Europa en lo que a protección de la familia y natalidad se refiere.

Pero hay que comprar votos y, para conseguirlo, todo vale. Y eso no es verdad.

Es como con el tema de la inmigración. De boca a fuera, actitudes solidarias, derecho a salir de la pobreza, trabajo digno, a tener sus derechos etc. Pero cuando con ello se pierden trabajos, aumenta el paro, se abarata la mano de obra, la xenofobia crece a pasos agigantados, consecuencia de no controlar la inmigración. Y esto lo tiene presente el hombre de la calle.

Y la solución a los problemas matrimoniales, a la violencia de género, no es el divorcio rápido que, ojalá me equivoque, dará como fruto no solo un mayor número de las mismas, sino más menores internados en centros de acogida, sin saber qué hacer con ellos.

Cuentan los docentes que su profesión ha pasado a ser de riesgo, amenazados no solo por los alumnos sino también por sus padres, en especial procedentes de hogares desestructurados. Y se sienten impotentes para resolver esas situaciones.

Pero al parecer eso no tiene importancia: los menores no votan.

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