AGENCIAS, Londres
Los británicos siguen con pasión el misterio del joven amnésico que no ha dicho una palabra en las cinco semanas transcurridas desde que le hallaron en una costa inglesa elegantemente vestido y totalmente empapado, pero que, sentado al piano, es capaz de tocar durante horas.
Nadie sabe cómo llegó el "hombre del piano" a la carretera de la isla de Sheppey, en la costa del condado de Kent donde fue encontrado, caída ya la noche: se ignora si cayó al mar, si fue empujado y logró salvarse o si iba en un barco y logró nadar hasta la orilla.
Lo que contribuye al misterio es el hecho de que se hubiesen retirado todas las etiquetas del traje que llevaba, de la camisa blanca, de la corbata, y de los zapatos.
Es como si alguien hubiese querido borrar cualquier huella que hubiera podido facilitar su identificación o, al menos, dar alguna pista sobre su origen.
No obstante, la Policía británica recibió ayer más de 700 informaciones de personas que han creído reconocer en el pianista a alguien familiar, aunque una pista romana es la de mayor repercusión.
Uno de los muchos mimos que se suelen colocar en torno a la Fontana de Trevi, en Roma, no se podía estar quieto ayer. Tomando un café por la mañana en un bar, antes de inmovilizarse para los turistas, se detuvo en la misma fotografía del periódico que millones de personas observaron con curiosidad, la del misterioso pianista amnésico. Sólo que él cree saber quién es: asegura que es un pianista callejero francés, llamado Steven Villa Masson -Manson según otras fuentes-, a quien conoció hace seis años en una feria de Suiza y con el que compartió andanzas y vagabundeo. Y el mimo mudo y estático se fue corriendo a la Policía para decir que había reconocido al pianista que no habla.
El "hombre del piano", como se le conoce ya en el Reino Unido, no puede hablar. Sólo pudo comunicarse únicamente mediante un dibujo en el hospital donde fue recogido el 7 de abril, aterido de frío: un piano de cola.
También dibujó una bandera con una cruz, que, según algunos, parecía una bandera sueca, aunque nadie está tampoco seguro de que sea así.
Alguien tuvo en cualquier caso la feliz idea de llevarle a la capilla del centro, donde había instalado un piano, y para sorpresa de todos, el joven se sentó e interpretó el Lago de los Cisnes, del ruso Tchaikovski, y otras piezas que parecen ser composiciones propias.
Todas son melodías melancólicas, que parecen no tener ni principio ni fin, que alguien ha comparado con algunas obras del compositor italiano Ludovico Einaudi.
"Si se le pone un piano delante, parece transformarse. Se relaja completamente y se olvida de todas las personas que están a su alrededor", comentan Michael Camp, que se ocupa de enfermos mentales en el hospital marítimo Medway, en Gillingham.
Cuando no está al piano, parece como nervioso, muy consciente de cualquiera que se encuentre en sus proximidades y no deja acercarse a nadie.
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