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La seguridad y el pueblo


18/may/05 23:18
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DESPUÉS DE LA ENCUESTA que ha hecho, y se propone seguir haciendo, el Cabildo Insular de Tenerife sobre la opinión que tiene el pueblo tinerfeño respecto a los distintos cuerpos de Seguridad que operan en la Isla, y cuya conclusión es que de cada tres ciudadanos, dos creen que la seguridad está igual o peor que antes, el presidente de la Corporación, don Ricardo Melchior, reconoce, en unas declaraciones que hizo a mi compañero Sergio Lojendio, que, a pesar de la gestión positiva que realiza el delegado del Gobierno en Canarias y antecesor del señor de Melchior en el Cabildo, don José Segura, "los índices de seguridad ciudadana no han mejorado mucho". Escribí largo y tendido sobre el tema en comentario anterior en el que destaqué la sorpresa que me produjo que una gran mayoría del pueblo chicha no quiera la policía autónoma, que siempre incluye en su programa electoral CC y que la gente considera innecesaria y un despilfarro para la Comunidad autónoma, que tiene que cubrir unas necesidades más importantes como las de Sanidad y que es un empeño de cuatro gerifaltes de CC para presumir de tener una Guanchancha, como Euskadi tiene una Ertzaintza. O sea, que la gente se lo toma a coña, cuando don Paulino Rivero, en su política chafalmeja de poner una vela a Dios y otra al diablo, siga considerando la Guardia Pretoriana de Coalición Canaria cosa atada y bien atada.

Como dice el señor Melchior, efectivamente "la seguridad ciudadana no ha mejorado demasiado", pero ha mejorado desde que mi entrañable y admirado amigo Pepe Segura, quien no descansará hasta completar las plantillas policiales, y hasta traer suplentes, está en la Delegación del Gobierno. Después del largo período de paz ciudadana del régimen anterior, donde el que la hacía la pagaba por la vía rápida, vino el desorden con la democracia, más bien por el libertinaje político y las manos atadas de la Policía. El desorden ha pasado de lo político a la delincuencia común y las cosas han ido de mal en peor. Los distintos gobiernos, al suavizar más de la cuenta las medidas judiciales, le han quitado moral a los policías. ¿Cómo se mide la sensación de desánimo que experimenta un agente del orden cuando detiene 20 ó 30 veces al mismo chorizo y luego vuelva a verlo en la calle y hasta tenga que aguantar las amenazas que le hace a él y hasta a su familia? En Venezuela y en muchos otros países americanos, al malandro que detienen por una golfada le pegan tal paliza que le quitan la afición. Las autoridades hacen la vista gorda porque, al parecer, no hay otro remedio más eficaz. Aquí, en Canarias, y en el mismo Madrid, donde he corrido juergas de madrugada en los barrios extremos y conflictivos sin temor alguno, ahora no se puede ir solo ni por la Puerta del Sol a media noche. A la Policía hay que autorizarle el uso de métodos más contundentes y cortar de raíz esos comportamientos vejatorios de los delincuentes con los agentes. Es decir, faltan guardias, pero falta también la protección de la autoridad al guardia. Pasa por cobarde el agente que tiene que soportar que le apedreen y le destrocen el coche-patrulla y agredan a su propia persona sin hacer uso de los medios de defensa que posee. Porque como se atreva a defenderse de un ataque directo y emplee la fuerza por ello, se le denuncia, se le procesa y puede hasta perder el empleo, porque, como asegura mucha gente, en España la Justicia está a veces a favor del delincuente y contra el agente de la autoridad. Por eso, principalmente, y no por falta de policías, es por lo de "la seguridad no ha mejorado demasiado".

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