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V.M., Breña Alta Los dragos gemelos de Breña Alta, apegados a la carretera de acceso al barrio de San Isidro, son protagonistas de una de aquellas leyendas, partes inalterables de la propia historia o simplemente cuentos apoyados en la imaginación, que nos trasladan a un mundo de fantasía que, como casi siempre, encuentran en el amor una argumentación encantadora, aveces cruel, pero nunca indiferente. La investigadora María Victoria Hernández, cronista oficial de Los Llanos de Aridane, relata en la página web oficial del Patronato de Turismo de La Palma, trasladando sin alteraciones la voz del pueblo, que en tiempos anteriores a la conquista de la Isla, en el ya lejano año 1492, "una bonita y joven mujer de cautivadora y dulce mirada engendró en dos hermanos gemelos del municipio de Breña Alta, por aquellos tiempos denominado Cantón de Tedote, los más profundos sentimientos de amor, que a ella halagaba y fomentaba, pero llegó el triste día en el que había que dirimir en batalla y duelo cuál de los dos jóvenes sería el que poseyera a la atractiva doncella". La leyenda cuenta que la lucha fue dura y cruel. Los jóvenes hermanos y gemelos se batían con valentía. En las venas les ardía la sangre y les cegaba la mente y el destino, pero la fatalidad quiso que no hubiera vencedor y los dos murieron en la lucha por el amor a una mujer. La doncella, al enterarse de la triste desventura, se consideró causante del fallecimiento de sus dos pretendientes y juró que jamás sería de nadie, sino del recuerdo de los dos hermanos. Apenada y desconsolada quiso que la imagen de los dos jóvenes fuera superior a su propia existencia. Se trasladó por las agrestes laderas de la Cumbre recubiertas de hojas, árboles y arbustos de la mítica y húmeda laurisilva, al poniente de La Palma, en busca de dos gajos de dragos para luego, cariñosamente, sembrarlos paralelos y próximos en el mismo lugar donde los dos hermanos habían regado su sangre, para cada día regarlos con su cántaro, ya que sentía el mismo amor y compasión por ambos. De esta forma, según el relato, se cumplieron los deseos de inmortalidad de un recuerdo y, sobre todo, de un amor. Con el tiempo y lentamente los dragos, uno por cada hermano, fueron creciendo entrelazando fuertemente sus ramas. En la actualidad, ya no se sabe cuál es uno y cuál es el otro, permanecen altaneros y abrazados en la larga longevidad de esta especie de árbol, como si quisieran ser el símbolo de un destino común por amor a una bella mujer.
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