En su libro "La era de la opulencia", John Galbraith, venía a decir que los hechos son progresistas y las ideas reaccionarias, señalando cómo las ideas corren a menudo detrás de los hechos anticipados, y a veces sin alcanzarlos. Se trata obviamente de una opinión, más respetable que otras muchas, pero no de aceptación obligada.
La situación política, a los diez meses largos de las últimas elecciones generales, presenta un nuevo Gobierno al que el partido derrotado, ahora en la oposición, no acaba de reconocerle un cien por cien de legitimidad. En eso están de acuerdo tanto el PP como el PSOE. Y mientras el Gobierno socialista, apoyado en una mayoría llamada de progreso y cambio, pero desajustada a menudo, desarrolla una política muy avanzada en el campo social, sin preocuparse de los desafíos que plantea, la oposición del PP actúa con el objetivo de no permitir que el Gobierno se asiente en el poder.
Desde la perspectiva del PP, su estrategia de oposición, que es un hecho, y la idea de desarrollarla son simultáneas, como surgidas automáticamente de una derrota electoral o del recuerdo del día, hace ya doce años, en que el PP decidió oponerse al entonces Gobierno socialista en todos los frentes, sin exceptuar al antiterrorista. Y en la acera del PSOE también se percibe simultaneidad entre hechos e ideas. Por ejemplo, en el proyectado matrimonio entre personas del mismo sexo. Ni ese matrimonio realmente atípico era un clamor social ni la idea que lo pone en marcha venía siendo mantenida por grandes sectores de la población.
Es lógico que la oposición "popular" a todos los vientos irrite y a veces exaspere al Gobierno socialista y a su partido, pero lo malo no es eso, sino que la tensión se proyecte en la calle, crispando a una sociedad generalmente apacible, en la que, sin embargo, ya se observan inquietantes síntomas de avinagramiento. Es preocupante que al comisionado para las víctimas del terrorismo le haya declarado la guerra, en el sentido de intentar que dimita, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, cuyo presidente decía ayer que hace falta tiempo para que las relaciones entre su asociación y el comisionado sean "más llevaderas". El comisionado espera que hacia Semana Santa se serenen los ánimos y puedan reunirse las dos asociaciones de víctimas del terrorismo, etarra e islámico. Y entre los líderes políticos, ninguno, excepto Duran i Lleida, pide serenidad. El PP presenta una exhibición de anteriores agravios recibidos para absolverse de los que ahora recibe el Gobierno, y en cierto modo justificarlos. De la fronda política sale alguna vaharada de deterioro social. Muy mal asunto.
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