VÍCTOR MARTÍN, Breña Baja
La vida militar está cambiando y el acuartelamiento El Fuerte, en Breña Baja, no es ajeno al nuevo diseño que experimenta el Ejército profesional. El sudor del barracón abarrotado de reclutas, las órdenes drásticas del mando autoritario cargado de sinrazón y las novatadas, a veces desproporcionadas, del "abuelo", señas de identidad de un pasado cercano, ofrecen el protagonismo a una formación más precisa, la relación con personal civil y las enseñanzas con criterio, manteniendo, como antaño, el rigor, el orden y un objetivo final irrenunciable: La defensa de España.
Después de dos años sin prácticamente actividad militar, el desmantelamiento del Batallón de Infantería de La Palma provocó la puesta en funcionamiento de una simple unidad de apoyo con apenas una veintena de soldados, El Fuerte se ha convertido desde este mes de enero en un centro de formación para militares, donde los reclutas que han mostrado su deseo de ser soldados reciben durante dos meses una preparación general de su nueva función y, tras la jura de bandera, deben superar un intenso mes de preparación específica antes de obtener su destino definitivo. Eso sí, se mantienen los saludos, el respeto al mando y la unidad como base de supervivencia colectiva.
El centro de formación cuenta en la actualidad con 150 alumnos y con unos 25 mandos que componen el profesorado. Algunos de los barracones se han adaptado como aulas, que próximamente se dotarán de los equipos de informática necesarios. La cocina ya no es atendida por los reclutas, atrás quedan aquellas cazuelas interminables de limpiar o los sacos de papas listas para ser peladas como castigo, función de la que ahora se encarga personal civil con los utensilios que ofrece la modernidad.
El responsable del nuevo centro de formación es el coronel Manuel Farrona, un militar "abierto", sociable y, sobre todo, con las ideas claras, sin titubeos, sobre la línea que debe seguir El Fuerte. Ni pestañea al afirmar que "aquí estamos para formar a los alumnos y necesitamos del apoyo de la población civil. Este recinto cuenta con todos los requisitos necesarios para una enseñanza adecuada. Contamos con campo de tiro en el propio acuartelamiento, naves en unas condiciones fabulosas para una calidad de vida muy grande, todos los servicios indispensables y un exterior exquisito, con una orografía que ayuda a la formación".
Farrona es consciente de la relación que debe existir entre los militares y los civiles. Sabe que La Palma es un lugar pequeño y que la cordialidad es básica. Con esos criterios de equilibro, el coronel manifestó que "aquí los alumnos, que llegan de todas las clases sociales, reciben formación militar y también social y civil; es decir, nos preocupa mucho, es uno de mis temores, que los jóvenes se sepan comportar adecuadamente en la calle y en la ciudad. Hemos hablado con los chicos para explicarles que debemos dar ejemplo en todos los lugares en los que estemos. Necesito muchísimo de la ayuda de la gente de La Palma y, precisamente, tengo ofrecimientos de diferentes personalidades, como el presidente del Parlamento de Canarias, para darle conferencias a los alumnos". Comienza una simbiosis, una vida nueva.
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