S. LOJENDIO, S/C de Tenerife
Este creador brasileño transmite la melodía de la solidaridad tan sólo con su movimiento y a cada golpe de voz parece estar convocando a la alegría. Y es que el espíritu abierto de Carlinhos Brown se ma-nifiesta en el simple abrazo de una sonrisa que, desde la altura de su vitalidad, lo contagia todo al compás de un hondo compromiso personal y social.
El músico bahiano, merecedor de múltiples distinciones y del reconocimiento internacional, ya estuvo presente en la Isla con ocasión de la edición del concierto del Son Latinos de 2003 y, ahora, regresaba a Tenerife de la mano de la Concejalía de Fiestas del Ayuntamiento de Santa Cruz para actuar en la gala de presentación de las aspirantes a reina, celebrada ayer en el teatro Guimerá.
-¿Cree que la música es, como se dijo de la poesía, un arma cargada de futuro?
-La música no la concibo como un arma, sino más bien como una herramienta que desarma y sirve para sanar los dolores. Por eso la entiendo más como un instrumento educacional y creo firmemente que somos menos musicales cuando, como artistas, llegamos a sentirnos más poderosos que el propio arte.
-Su compromiso social ha sido reconocido por la UNESCO, que en 2002 premió su iniciativa de crear una asociación para luchar contra la desigualdad en su barrio, Candeal Pequeño, históricamente una de las zonas más pobres de Salvador de Bahía.
-Esto es algo que se realiza de una forma natural y responsable, por coherencia con uno mismo y con los demás. Si soñamos con un mundo mejor, tenemos que trabajar para que así sea. Creo en la reencarnación y estoy convencido de que voy a volver a un mundo mejorado, por eso lucho con todas mis fuerzas para cambiarlo. El cuerpo no es eterno, claro, pero el alma sí.
-Esa alma suya, divertida y fantástica y que es capaz de transmitir el ritmo de la alegría entre mensajes de paz y solidaridad, ¿de dónde nace?
-Es algo natural y consustancial a mi vida y creo que, en cierto modo, fui educado para eso. Si yo conseguí superar la barrera de los veinte años, que es la esperanza media de vida del lugar donde he nacido, lo tengo que agradecer y, por eso, no me canso de reivindicar que la vida te da oportunidades. Considero que soy una persona con suerte y eso, aunque no sea el mayor vendedor de discos del mundo, ni aparezca todos los días en la MTV...
-Pero no es algo que le preocupe, ¿verdad?
-No, tampoco me preocupa, porque en definitiva sigo viviendo. A veces cojo en las manos un periódico y, de repente, me veo en la portada, retratado como si fuera un personaje importantísimo, y todavía me sorprendo. ¡Hay tan buenos músicos!.. Por eso, cuando la gente me concede un pequeño espacio, un poco de atención, lo agradezco profundamente y lo manifiesto de una forma espontánea, siendo como soy.
La espontaneidad
-Esa espontaneidad es, precisamente, la que se vive en el Carnaval de Tenerife, donde la calle se convierte en el verdadero punto de encuentro aunque, desgraciadamente, Carlinhos Brown va a actuar encerrado en la caja de un teatro... ¿Cuándo podremos disfrutar de su banda con una gran batucada callejera?
-¡Oh! Yo gozo en la calle, porque el Carnaval así es capaz de hacernos a todos iguales; el Carnaval es el mestizaje del sudor, ese instante mágico en el que todo el mundo se mezcla y donde se intercambian sentimientos.
-¿Qué impresiones y sensaciones se lleva de la Isla?
-Tenerife es un gran centro de alegría y yo sueño con que algún día se puedan abrir vuelos directos hacia Bahía... ¡Haríamos una revolución!
-Hablando de revoluciones, se le relaciona con el presidente Lula y hasta podría decirse que, en cierta manera, Carlinhos Brown le pone música a la voz del presidente brasileño.
-La verdad es que nos parecemos, porque procedemos de ámbitos similares, de la marginalidad y de la pobreza, y además ambos hemos demostrado nuestra capacidad para entender la vida y respetar a las demás, él, como presidente, y yo, en cuanto músico.
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