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CRISTINA PÉREZ SPIESS *

Soñemos un rato


19/nov/04 22:48 PM
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SEGÚN SE ACERCA el fin de semana son muchos los que sueñan despiertos imaginándose durmiendo muchas horas y olvidándose del despertador durante dos días. Un hábito favorito de una inmensa mayoría y que, sin duda alguna, ha demostrado ser de vital importancia -y nunca mejor dicho- puesto que se ha evidenciado que el ser humano puede resistir más tiempo sin comer que sin dormir. De hecho, dedicamos una tercera parte a acurrucarnos en los brazos de Morfeo.

Y es justo en este momento cuando se produce algo que aún está lleno de misterios para los científicos: el sueño. En contra de lo que se cree comúnmente, soñamos todos y además, lo hacemos cada noche, aunque no lo recordemos al despertar. Se ha demostrado la existencia de cinco fases, que se organizan en ciclos y que se repiten unas cuatro o cinco veces por noche:

La primera fase es la de adormecimiento, en el que la persona aún no está profundamente dormida y se puede despertar con facilidad. Diez minutos más tarde llegaría la fase de sueño ligero, en la que poco a poco van descendiendo las constantes vitales. A continuación pasaríamos al sueño profundo, en la que es difícil despertar a la persona, pero sería en la siguiente fase cuando las constantes vitales se encontrarían reducidas al mínimo.

La última fase es una de las más curiosas, de ahí que se conozca con el nombre de sueño paradójico. Es aquí cuando aumenta la actividad cerebral, a pesar de que el tono muscular esté reducido al mínimo. Es decir, se podría decir que mientras el cerebro está activo, el cuerpo sigue dormido. Y es justamente aquí cuando se produce la tan conocida fase REM en la que se dan movimientos oculares muy rápidos. Parece ser, que si despertáramos en esta última fase, recordaríamos lo que estábamos soñando, a pesar de que hay datos que indican que también soñamos en las restantes fases.

Resulta llamativo que en pleno siglo XXI aún no hayamos podido concretar con exactitud por qué dormimos. Hay multitud de teorías, pero ninguna definitiva. Lo que sí está claro es que no todo el mundo tiene por qué dormir ocho horas. Cada persona tiene un patrón de sueño diferente que debe respetar. Así, hay personas a las que les basta con cinco horas y otras que necesitan diez. Y no tiene nada que ver este hecho con el de ser muy vago. Valga como muestra el hecho de que, al aparecer, Napoleón tenía un patrón de sueño corto, al contrario que Einstein.

Son muchas las personas que acuden en busca de ayuda debido a que tienen serias dificultades para conciliar el sueño. Son muchas las conductas que en ocasiones realizamos, sin darnos cuenta, que van a influir en nuestro dormir. El consumir bebidas alcohólicas o fumar antes de acostarse, una cena copiosa, dormir durante el día, etc. van a dificultar el sueño.

Justo al contrario ocurriría si practicáramos ejercicio físico durante el día (pero no antes de acostarse), si mantuviéramos un horario regular para acostarnos y levantarnos, si arregláramos el dormitorio de manera confortable, etc.

Ya decían los romanos, e incluso "El Quijote", que el sueño es el alivio de las penas. No pongamos entonces freno al dormir.

* Psicóloga

CRISTINA PÉREZ SPIESS *